El lado oscuro

Viernes, Junio 6, 2008 · 7 comentarios

Pistoleeeeeroooooo¡¡¡¡
En tan sólo unos minutos, pasas del yin al yang, de la luz a la oscuridad. Entraba esta mañana en el Parlamento sobre las diez de las madrugada para un acto de Chaves de no sé que foro de expertos sobre inmigración. Y en la puerta de seguridad, allí con los maderos, escucho ¡Aquí es que ya dejan entrar a cualquiera¡ Me giro y entre las legañas distingo a V. Para quienes lo conocen, no hace falta descripción; para los que no, digamos que es el alter ego de Chicho Terremoto, aquel dibujito japonés que flipaba levantando la falda de una colegiala para verle las bragas blancas, pero con 40 tacos y dos críos. Ninguna mujer es fea por donde m…, sería su lema.
Me iba pidiendo el número de teléfono para cuando vaya a Costa Ballena este verano y yo diciéndole que si viene con mujer e hijos, que ni se moleste, porque vaya juerga entonces, y no había pasado un minuto, lo que va del control policial a las acreditaciones, cuando una rubia emperifollada se presenta delante. Yo ya sabía que a la pobre le iban a pitar los oídos en segundos. ¡Así me gustan a mí, puretonas¡ Pues eso, cuando amanece, apetece.
Así a bote pronto recuerdo de mi amigo V. dos anécdotas. Una, llevábamos unos cinco meses sin vernos por una etapa que me pasé de oficina y estábamos hablando cuando entró una becaria de El País, ella se sentó a mi lado, y de repente me quedé con la palabra en la boca y su culo delante. Empecé a darle pellizcos, pero iba a lo suyo y ya estaba que si “qué libro estás leyendo” y continuaba con “dame tu número por si te tengo que recomendar alguno”.
La otra anécdota me la contó él. Iba con su mujer paseando en el carrito a su segundo crío, cuando una conocida, una señora mayor, se acercó y dijo: “ay que niño más bonito” y él respondió “sí, éste es el que le va a dar por el culo a la infantita Leonor”, que acababa de nacer. La mujer se puso a buscar el agujero rojo de Cuatro.
Ya en el acto, más aburridos que un calamar en un garaje, lleno de polacos saludándose diciendo “cus, cus” y los otros “cus, cus”, venía resbalándose por el pasillo un modernito con pantalones pitillo y camisetita ajustá. “Ése te ha mirao”, “Qué me dejes”, “Que sí, que te ha mirao, coño”, “Qué vale, pues le habré gustao”, “¡Mira, que te testá mirando, que se está tocando el culo y te está mirando¡”.
Era verdad, el chavalillo me estaba mirando, y yo estaba mirando a la cámara de no sé qué cadena, para eso tenemos ojos, para mirar. Pero él no iba a dejar escapar la oportunidad que tenía por delante y ha estado con la coña que ni me he enterado de lo que ha dicho Chaves. Porque cuando no era con el guiri, era con la chica de la de la cámara o con la titi de la redactora.
El que dice que todos los tíos tienen una parte homosexual, no conocen a V. Un tío de los que ya no quedan. Éramos tres: él, servidor y el padre de Julio Iglesias.

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