Tatoo´s roll
Busca un príncipe y solo encuentra sapos, se dijo Style mientras la miraba. Sentada en la barra, podría llevar allí horas, incluso días, sin que nadie la hablara. No parecía destacar por nada, una más. Sin embargo, Style sabía que hay muchas princesas que se disfrazan de ranas para no llamar la atención. Al acercarse, observó que una rama salía desde su hombro, floreada crecía por su espalda y terminaba donde ya no se atrevió a mirar porque la propietaria del jardín se había girado y controlaba con ojos fríos su llegada. Sin dejar de sostenerle la mirada la rodeó y cuando ella miró hacia atrás, Style estaba sentado a su lado. Él no iba a pedirle al camarero lo mismo que ella, ni iba a invitarla y ni siquiera la hubiera vuelto a mirar si ella no le hubiese saludado, cordial. Style la felicitó por su tatuaje, le dijo que debía ser una contorsionista muy hábil para trazarse aquellas líneas tan rectas en la espalda sin llegar a desviarse ni una sola vez. Ella rió, quizá por primera vez aquella noche, aquel día, quizá desde que llevase aquel tatuaje. Entonces Style se levantó y se fue. Quizá ella recordase aquel momento lo que quedaba de noche, de día o todas las veces que se dejase besar aquellas flores de la espalda por sapos con babas a los que temía porque se las podían borrar de su piel.
Number´s roll
A este planeta puedes venir a querer o a que te quieran.
Eran las 12.30 cuando el autobús que transportaba a Style paró en un semáforo. Era un 15. Miró por la ventana y al otro lado, un 27. Por los cristales tintados Style observó que una chica le miraba. La sonrió. Era su carta de presentación: dibuja siempre una sonrisa en la cara. Ella amagó con una mueca que Style descifró como un Idi (indicador de interés), por lo que jugó la siguiente apuesta. Le sacó la lengua. Ahora sí vio una sonrisa y la seguía llevando cuando el 27 reanudó la marcha. Su 15 seguía parado, doblaría ahora a la izquierda y en dos paradas más llegaría a casa. Iba a llamar por el móvil cuando algo oscureció la pantalla. La sombra del 27 de nuevo a su lado. Y la chica que le observaba, y le sonreía. Llevaba el pelo más largo, en realidad, se lo había soltado. Style reaccionó. La señaló repetidamente, a ella y a su móvil, tres veces bastaron para que ella achinase un poco los ojos, pensase tres segundos y comenzase. Un seis, un ocho, otro seis, un cuatro. Con un método improvisado pero eficaz, dibujaba el número en sus labios y lo completaba con los dedos. Un nueve, un cero, ¿otro cero?, un cinco claro y… espera, no, ahora no. El 27 continuó su marcha. Un tres le pareció ver en la mano de la chica que se echaba hacia adelante en su asiento para finalizar el código. Vale, los tenía casi todos. Marcó. 686 490 ¿0?5¿3? Sonó cinco veces y saltó el contestador. Colgó.
1 respuesta hasta el momento ↓
olepapa // Martes, Marzo 31, 2009 a 9:12 pm |
Bienvenido, primer invitado del olepapa.