Italiano pantaloni

Hoy ha sido el cumple de un amigo, 28 tacos, ya me ha cogido. En septiembre se marcha de becario Erasmus, un tanto crecidito, a Rimini. Aparte de una novieta de Pavia, y no era una merluza, a la que “siempre” -las dos semanas que me duró- llamé Valeria cuando se llamaba Valentina, me he acordado del viaje de fin de instituto, la primera vez que salí a un país extranjero.
Salimos a las dos de la madrugada y la primera noche cantamos y bailamos en el bus hasta que paramos, ya a la hora de comer, en Tossa de Mar, Gerona, a unos kilómetros de Llorets. Fuimos a la “playa” –con más chinos que en una peli de Bruce Lee- a ver a las guiris y, por la noche, hicimos lo de siempre, lo que nos gusta y nos divierte que dirían los Ronaldos. Salimos de marcha a ligar con británicas, checas y suecas con las que lamentamos no habernos esmerado más en las clases de inglés. Pero el amor tiene un lenguaje universal y alguno que otro sacó nota en relaciones internacionales.
Al día siguiente, en realidad el mismo día para algunos, íbamos a llegar a Italia, pero nos tocó un chofer guasón que propuso ver Nimes, que pillaba de camino. Recuerdo una iglesia, donde aprendimos que no se puede entrar en pantalones cortos y chanclas, y una estatua con lo de Liberté, Igualité y Fraternité, que nos hizo admirar a Francia, mucho antes de Carla Bruni.
Y el chófer dijo: “¿y por qué no paramos en Montecarlo y lo vemos? Y nosotros dijimos, “vale, pero ya que vamos nos acercamos a Mónaco, ok?”. Y allí aprendimos que las rubias teutonas las regalan con los ferraris y soñamos con jugar algún día a la ruleta en el casino, sin importarnos si caen en rojo o en negro.
Un paseo marítimo inmenso, la costa azul y llegamos a Italia. Verona, con sus letreros de las historias de los de Montesco y Capuleto y el descubrimiento de la pizza con peperoni que tenías que acompañar con doce cubos de agua; Pisa y la pose en las fotos aguantando la torre para que no se cayera; once horas en Venecia preguntando donde estaban las discotecas, sin éxito porque sólo había una y no había sesión infantil.
Y sobre todo Florencia y la moda. Aún me recuerdan mis pantalones italianos, que conservo, con sus miles de remiendos, aunque ya no me los pongo. Habíamos tomado capuchinos y visto algo de la ciudad en la que, juré, algún día viviré, así que nos fuimos de tiendas.
Entramos en una y a los minutos lo flipé. Hasta entonces todos mis pantalones habían sido anchitos, en plan raperito, pero aquellos, aquellos pantalones negros a rayas blancas, eran, cómo eran… y marcaban…, cómo marcaban. Un torero parecía.
Mis amigos descojonaos, pero a mí me molaban, y mucho. Eran italianos, claro, y costaban no se cuántos miles de liras, al cambio, unas 8.000 pelas de aquellos tiempos. Una peseta eran ocho liras. No llevaba tanto dinero. Así que volví adónde habíamos quedado, que venía la gente de ver a un tal David o a un tal Miguel Ángel, que sé yo. Sólo pensaba en los pantalones y en su precio.
Pensé, “qué coño, es una oportunidad en la vida de tener unos pantalones italianos” y le pedí a mi amigo el tartaja no sé cuantos miles de liras que ya le devolvería –no me acuerdo si lo hice-, le dije a los profesores que me esperaran y salí corriendo a la tienda, ante la cara de sorpresa de mis compañeros. Recuerdo la cara del vendedor, un modisto de éstos que me dijo que me los probase otra vez para cogerme los bajos, pero no me fíe de a qué bajos se refería, los compré y salí corriendo otra vez en dirección al autobús.
Todos me estaban esperando para marcharnos, y querían ver los pantaloni, puestos claro. La vergüenza ni la he conocido ni la conoceré. Posé por el pasillo una y otra vez, hasta que todo el mundo se partió por la mitad, y yo supe que aquel verano, mis pantalones italianos, darían mucho que hablar en el pueblo. Y nos fuimos a Roma, pero eso merece otro capítulo.

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3 Respuestas a “Italiano pantaloni

  1. Qué bueno el post Antonio. Tela de gracioso. Mi viaje de fin de curso a Italia, en 3º de BUP, fue también mi primer contacto con el extranjero, con el permiso de Gibraltar… que bueno, también merece capítulo aparte… Y recuerdo que también hicimos el camino de ida en autobús y paramos en Lloret de Mar y de todo lo demás puedo hacer un corta y pega de tu post porque fue bastante parecido, pero yo en lugar de pantalones mi enamoramiento vino con una camisa ideal, también con Florencia, sobre todo Florencia, y también hubo juramento comunitario entre l grupo de amigas de que volveríamos juntas a pasar una temporada más larga… en fin, que me ha hecho tela de ilusión pensar en el viaje a Italia esta mañana. Ea, a ver cómo siguen tus recuerdos de tu viaje, estaré pendiente.

  2. ayyy, ha desaparecido un post muy largo y ahora no me da tiempo a escribirlo de nuevo! ¿donde te metes, fuentes?

  3. i can not undertand this i think you should alos put this website in english 🙂 thankyou

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