Colillas en el suelo

Los orígenes de uno, marcan.
Hoy Arenas me ha pillado tirando una colilla al suelo. Cuando termina sus ruedas de prensa, intervenciones y demás, gusta de echarse un cigarrito con los periodistas y echarnos unas risas. El tema iba hoy por lo coñazo de la actividad parlamentaria y encima quiere que los plenos lo retransmita Canal Sur 2. ¿Y que pasa con los teletabis?, pregunto. Para variar, no me echa cuenta.
Es un cigarrito incómodo, porque yo no despego la oreja de lo que dice y suelo “enriquecer” lo que escribo en el periódico con los comentarios tertulianos de los corrillos. No sé si molestará, pero eso es lo que hay.
Y cuantas veces te has visto con la colilla en la mano, sin saber dónde dejarla, quemándote los dedos, sin cenicero y nada más que plantas a la vista, que no valen porque irías contra el medio ambiente, y encima que es el día internacional. Hasta para eso hay que ser políticamente correcto. Así que al suelo y la patita por encima. Arenas me pilló y me ha mirado con esos ojos inquisidores que tiene, pero prudente sin decir nada. Cuando le ha tocado su momento, yo expectante, ha aprovechado que la Pedrote de El País iba buscando una plantita, se ha puesto también a buscar por dónde y le ha dicho por lo bajini: “es que los que somos de orígenes humildes…”. Y han dejado las colillas encima de un pollete. Eso sí está bonito.
Probablemente, mi ascendentes no sean tan humildes como los de Arenas, que sólo tenían un campito allí en Olvera cuya extensión se pierde en el horizonte y con algún que otro sirviente a nómina. Por mi parte, el pedigrí me lo dan, por un lado, un vikingo borracho y por otro, Antoñito el gaseosa, mi abuelo paterno. Un campero que sembraba calabazas hasta que llegaron los americanos y le expropiaron las tierras. Ahora acaban de rodar una peli en Rota sobre el robo de 40 calabazas en la finca de un mayeto, que así se llaman en el pueblo a los cultivadores multifundistas de los que abundaban en Rota en el siglo XIX. Es un thriller mayetero inspirado en un relato de Pedro Antonio de Alarcón y ha participado medio pueblo, me cuentan.
El sobrenombre se lo pusieron a mi abuelo porque cuando llegaba al bar, le preguntaban los demás: ¿un vinito? Y él decía: “yo no, es que no bebo, mejor una gaseosa”. Y a las dos gaseosas ya estaba lleno y entonces se tomaba la botella de vino entera si hacía buen tiempo. Y con 82 años todavía me acompaña por los bares o bebemos en su casa cuando voy a verle, un moscatelito o una cervecita, que no le veo haciendo botellón. Y entonces siempre me cuenta una historia, la misma cien veces, y yo me meo. Sus preferidas son de cuando iba a Cádiz en burro, unas cuatro horas para arriba y otras cuatro para abajo. Eso fue antes de la Base, donde se colocó con los americanos.
Y ahora le ha dado por cantar, con eso de la chochera, la Guajira del Mayeto. “Pero qué pasa, qué pasa, qué pasa en Rota, que viene, que viene, la sexta flota, cargaita de misiles, de ésos, de ésos, que matan a miles”.
Arenas, ésos son mis orígenes, de la jet set, picha.

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Una respuesta a “Colillas en el suelo

  1. Viva la jet set. Y vivan los abuelos con burro, como el tuyo y el mío. Ah, y contra la duda de la colilla, deja de fumar, coño.

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