Moneda al aire

El reparto de tareas es básico en una familia. Y en un periódico. Pedir voluntarios para una rueda de prensa sobre financiación autonómica a las 5 de la tarde, a minutos de que juegue España, no tiene precio. El silencio, como cuando el viento arrastra matojos en las películas del oeste. Dos redactores y un solo destino. Un duelo al sol decide al elegido para el consejo de Gobierno de las una, o la cita sin nombre.
¿Cómo lo resolvemos? Que decida la suerte. “¿Qué quieres?” “Yo al rey”. “Vale”. Confío en la cruz, siempre sale, y sonrío. Arriba, vueltas, la atrapo, abro la mano mirando la cara del compañero que se va a comer el marrón y …”el juancar, la madre que lo…”
El recurso es fácil para decidir ante la duda. Que te gustan dos chicas, cara o cruz. Que te gustan tres, al mejor de cinco. Que te gustan todas, tienes que tener el monedero lleno, de billetes.
Hay un juego de cartas en el que asignas a cada rey un nombre de chica. El de oro es la guay, la que te mola; el de copas, la chica para una noche, claro; el de espadas, la que no sabes si sí o si no, y el de bastos, un callo malayo. Vas echando cartas y te quedas con la que complete la serie. Es una variante del solitario, y tanto.
Con un compañero de La Razón con el que iba para la convo, la baraja la hubiéramos tirado al río. Nos encontramos en el bus y mientras dudamos si Griñán no va a poner café y pastitas, va entrando cada una para ponerle un piso en el centro.
No tenemos confianza, y seguimos hablando con el cuello torcío sobre cuánto va a durar nuestro castigo por pringaos y si vamos a poder ver la segunda parte. Al bajar, resumimos las mejores jugadas y compartimos el resultado: quién hará la selección para que las tías más buenas estén en Sevilla.
El primer día que llegué a esta ciudad, a unos meses de los 18, mi padre me metió en una residencia de estudiantes para hijos del ilustre cuerpo. Unos de los veteranos, Jesús, de Donosti, me dijo “aquí están las mejores pibas”. Yo, aún escéptico, dudé “normal, hay más gente, por lo tanto más tías y consecuentemente más tías buenas”. Él, maestro ante un imberbe saltamontes, me avanzó un “chaval, tú no has visto nada”.
Me lo confirmó un colega de Vadallolid (me cuesta el acento castellano). El Pitu vivía en Dresde (Alemania) y vino a pasar unos días para la feria. La primavera altera la sangre y lo que no es la sangre. Se frustró porque no le daba tiempo a archivar a todo lo que se movía, muchas se le escapaban a su disco duro. Ni con cámara de fotos le daba tiempo y se fue con síndrome de Stendhal.
Tan sensible a la belleza, rojo o negro, como en la ruleta, aquí siempre ganas. Salvo que la moneda caiga de canto y ruede huyendo hasta la alcantarilla.

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Una respuesta a “Moneda al aire

  1. Y yo que me reía de ti cuando el bromuro hacía estragos en tu virilidad! Ahora que repaso tu blog me doy cuenta de hasta qué punto eso te traumatizab! Veo que estás recuperado.
    Oye, lo de los árboles que has mandado te da para un post! A mí me clava (salvo porque dice que soy de belleza inusual, que la verdad lo veo un poquito exagerado…!)

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