Sin reservas

¡Terror en el hipermercado¡ ¡Horror en el ultramarinos¡
Cuentan que, por la crisis de los transportistas, en el Mercadona sólo quedan las verduras, las remolachas y los aguacates que servidor no sabría distinguir de un melón. Previsor, el lunes fui a por provisiones y llené la nevera con jamon york y queso, base elemental de la dieta mediterránea. A mí me van a coger desprevenío, vamos.
Esta semana sólo pienso en un antiguo compañero de piso, cuanto menos peculiar. Ya había vivido unos meses con dos gays que eran pareja y no me había enterado (tengo un sueño muy profundo) cuando apareció este chico de Jaén. Y con la aparición estuve viviendo casi dos años sin saber si estaba en su cuarto o no, tan silencioso era, y sobre todo sin descifrar un misterio que merecería un ratito del Iker. El chaval había pagado los meses de julio y agosto con el compromiso de tener la reserva para septiembre, y pasaba el mes sin que por allí se distinguiera con su presencia.
A mediados de octubre, estaba viendo la tele con mi otro compañero, cuando de repente escuchamos la llave en la cerradura y la eterna ausencia tomó forma. Dijo hola y se metió en su cuarto. Hasta mañana.
Pasaron los días y las semanas sin que nos echara cuenta, hasta que mi compañero normal me contó lo que había visto en el zulo del señor incógnita. No era un cotilla, el lavadero estaba dentro del cuarto. Nada más y nada menos que catorce garrafas de agua de seis litros, lo que viene siendo, multiplicando, el pantano de los hurones.
Y pasaron los meses y las garrafas, lo mismo que bajaban, volvían a reponerse, sin que le viéramos nunca hacer la compra y sin preguntar por el sentido del almacén. Como con todo enigma sin resolver, empezaron las hipótesis.
¿Será bombero? ¿Será una planta? ¿Será una sirena? ¿O una ballena? Dos años pasaron y nunca nos atrevimos a desvelar la identidad secreta de Aquaman. Hoy al menos me consuela saber que no estará seco y que si el agua no llega a los grifos, tengo un amigo-embalse.
Y de reservas, corporales, una duda. Si caminamos hacia la igualdad, ¿por qué los miembros no podemos mear en los cuartos de los baños de las tías si está libre y las miembras se meten en los nuestros y reímos la gracia?
No vale lo de que cualquier esquina es buena. Al riesgo de los cubos de lejía desde el tercero, se une que los baños de los tíos no siempre son accesibles. Al que no va a mirarte la dote, se le unen otras razones mundanas muy de bares y discotecas. “Toc, toc, ¿hay alguien?” “Ocupado” “¿Vas a tardar mucho?” “¿A que vienes, a regar la pastilla o a meterte nieve”. “Esto, a mear”. “Entonces vete a la calle, gilipollas”.
Por todo ello, ¡igualdad de miembros, ya¡. Y para los membrillos también, que nadie los quiere y se van a quedar solos en la frutería. Si alguien los diferencia de un limón o un pomelo, que no es mi caso…

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3 Respuestas a “Sin reservas

  1. A lo mejor la igualdad llega cuando os curéis de esa atrofia muscular que ataca puntualmente a vuestros brazos y os impide bajar la tapa cuando termináis, por no hablar de la falta de puntería de vuestro ‘miembro’, a veces hay más fuera que dentro.

  2. estoy con tell, antoñito, mira que creía que ayer el del bar te lo dejó claro…

  3. ¿Tapa, qué tapa? Tony, toy contigo.

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