Mamá, hay un rubio en la tele

Que envidia ver a tantos periodistas en el Congreso del PP en Valencia.
Los nervios, el estrés, las primicias, los directos… Los veo tumbado en el sofá con una piña colada y el ventilador al 3 pero me cambiaría por ellos. Muchos plumillas nos hemos quedado en casa. En definitiva, la gente se “informa” por la tele. Ya lo decía Arenas en campaña, esto de los mítines está hecho para vosotros, y los miraba a ellos.
Un redactor sale a la calle orgullísisimo de su información, pensando que, una vez más, ha cambiado el mundo, pero nadie lo reconoce. Ahora, sal en la tele. A mi madre todavía le dicen en el mercado “he visto a tu niño” cuando los cámaras hacen los planos esos de relleno en los que salen los redactores. Si llevo mucho tiempo sin pasar por casa, y estoy afeitao y con camisa, me pongo detrás del entrevistado en los canutazos, para que me vean.
Cuando salía en la tele del pueblo, todo el mundo me reconocía. Terminé la carrera e hice unas prácticas en Onda Cero y cuando acabaron, el abismo. Cuatro meses de paro, en los que trabajé en bares e hice un cursillo de vendedor de seguros, hasta que me planté en la tele local con un anuncio de se busca cámara en la mano. “Pero tú eres periodista, ¿no?. “Sí, pero puedo aprender a coger un cacharro de ésos”, dije confiado en que no sería más difícil que usar el dvd. “No, sustituyes a la del magazine”.
Hora y media de programa, a rellenar con imaginación, de seis a siete y media. Prime time de abuelas. Eso fue un viernes y el lunes era mi primer En tu casa. O en la mía, quise añadirle, pero no me dejaron. Era un plató con dos sofás y una mesita con florero, con unos focos de luces que tenía que echarme crema protectora.
El primer programa me salió redondo. El domingo me llevé a un cámara a un concierto de Santi Campillo, ex M-Clan, y Miguel Bañón, ex Los Marañones, pero sobre todo, sustituto del bajista de Los Enemigos los meses en que Fino estuvo con hepatitis. Y eso era lo más. Los que después se dieron a llamar Los Lunáticos querían hablar de su disco y su concierto, pero el entrevistador, digamos, tenía otros intereses. “Qué tal tocar con Los Enemigos”. “Pues bien, buena gente”. ¿Y cual era la que más te gustaba tocar con ellos”. “Eh, no sé, ..”. “La ostia ¿no?, eso de tocar con Los Enemigos” “Sí, sí la ostia”, salía el Bañón por donde podía.
El Campillo ya me conocía. Cuando estaba con los M-Clan vinieron a dar un concierto y al terminar, el peluca del cantante (no confundir con el Bañón, que son clones) nos pidió a los periodistas que lo lleváramos a un bar. El Zambra es la institución heavy del pueblo, intacto desde los 80. Y al Campillo le tocó el tabarra fan enemigo de la noche. Me acerqué al chaval, como no hablaba con nadie, a hablar de rock y claro, ahí no cabía lo de Carolina, trátame bien y todo eso…Creo que ahí decidió separarse del grupo.
Total, la entrevista con los rockerillos quedó bien, y aumentada con más de media hora de extractos del concierto, se me hizo corto el programa. A saber a los espectadores.
Al día siguiente fue más complicado. Eran las cinco de la tarde y aún no tenía nada. Había pedido por la mañana entrevistar al alcalde, pero creo que sus asesores le recomendaron antes de un bis a bis conmigo estudiarse enterita la discografía de Los Enemigos.
Así que llamé a mi hermano, que se trajera a su amiga y hablábamos de los estudiantes en COU y cómo se preparaba la selectividad. Creo que las risas en mi casa llegaron a Chipiona cuando, tras la entradilla, salí mu sonriente como siempre y pregunté “Bueno, ¿como te llamas?”. Mi hermano, con toa mi cara, lo flipaba. “Manuel”, respondió mu serio. “Tienes pinta de ser de buena gente”, continué. El chiquillo ya no sabía dónde mirar, la amiga nos miraba diciendo “qué estáis haciendo” y el director se iba acercando con el finiquito.
Pero también terminé ese programa. Y los siguientes. Hasta tres meses estuve en aquella tele antes de irme a otra. Evidentemente, por allí pasaron toda mi familia, de incógnito, a hablar de lo que se nos ocurriera; todos mis colegas; no se cuántos grupos de música, entre ellos mis amigos Los Delincuentes siete u ocho veces antes de hacerse famosos. Fui a hacer reportajes con los viejos, encuesté a la gente sobre los asuntos de actualidad, entrevisté a medio pueblo, vamos, un programilla que transmitía el roteño way of live.
Y me hacía mucha ilusión cuando me paraban los paisanos por la calle y me decían “usted es er rubio que sale en la tele, ¿no?”. “Sí, soy yo”. “Pues creía que era más alto”. En fin, no podía molestarme, al fin y al cabo, era mi público.

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