Viajes a un clic

Ibas a mandarle un correo a la novia y acabaste en el Tibet contándoselo a un sherpa

No hace mucho que los viajes se organizaban en las agencias, con sus típicas ofertas para viajes de novios, o por grupos, que si elegías Salamanca te esperaban diez días en un autobús lleno de viejos y un guía-pastor con el letrerito “venga borregos, no os perdáis que es por aquí”.
Pero llegó la revolución. Ahora eliges cualquier punto del planeta, consultas cómo llegar, dónde es mejor hospedarte, si hay bares de copas cerca, compras entradas para museos o conciertos y hasta el tiempo que va a hacer cuando vayas. Y si no tienes claro el lugar, puedes dejarlo en manos de los vuelos baratos. “Pues eso, que iba a mirar mi correo y encontré un viaje baratísimo a Laponia y aquí estoy, cuentas mientras un reno te mira con cara de “y éste ¿de dónde ha salido?”.
Las ofertas, hay que pillarlas al vuelo. El que me he pillado para San Sebastián a final de mes, ya cuesta 50 euros más que hace unas semanas. Y la hermana de una amiga consiguió uno ida-vuelta por 40 euros Madrid-Cádiz y, cuando su marido quiso cambiarlo para estar un par de días más con su hija recién nacida, le costaba 220 euros más. Ahí te quedas con la niña.
Con estas compañías, a las 10 de la mañana un vuelo a Londres vale 20 euros, a las una 100 y a las siete de la tarde el sacrificio de una virgen. ¡Hay que estar rápido¡ Y tener cuidado con las tasas, que al final lo barato sale caro, y con los programas de visita elaborados desde casa. No sería la primera vez que se escuchase “pero si el hotel tenía que estar aquí” mientras el horizonte sólo alberga un vertedero de basura.
Por mi parte, estoy aprovechando mis largos ratos de ocio en participar en todos los concursos que me encuentro por la red. Ya me he inscrito en viajes gratuitos para Nueva York y París, un fin de semana en Menorca, el festival Summer Case en Barcelona y acudir a Oktoberfest, la fiesta de la cerveza en Munich. Si me toca, me dejo el bigote a lo alemán para ponerme de espuma hasta las cejas, me baño dentro, que alegría.
Pero mi perdición sería Japón, que me he aficionado al blog de un chaval vasco que está por Tokyo y cuenta sus experiencias. Nada más viajar del avión, me pondría mi kimono y vámonos que nos vamos a tomar sake por lo bares nipones. Por ahora no he encontrado ningún concurso ni una oferta barata Cádiz-Japón, pero me da a mí en la nariz que está al salir. Ya me veo diciéndole a un ninja “pues ya ves, estaba escribiendo en el olepapa, vi el vuelo y tras 37 horas en un clickair, nada, aquí estoy.

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