Colega, tengo un dilema

Si el mundo es un pañuelo ¿qué somos nosotros?

Pienso en la teoría de los seis grados de separación, cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. Tengo una amiga que tiene un amigo que conoce a Fernando Tejero, éste tiene por cojones que conocer a Javier Bardem, de cuando Los Lunes al Sol, y éste a su vez a Brad Pit, por lo tanto estoy tan sólo a seis grados de separación de Angelina Jolie.
Tengo unos días libres, moviendo los hilos oportunos, podría una tarde de éstas tomarme un cafelito con mi amiga Angi, hablando de Camboya y de nuestras cosas, pero creo que en estos momentos me necesitan más los amigos del barrio, los de a cuatro puertas de mi casa.
“¿Qué haces”. “Morirme, estoy de resaca”. “¿Nos tomamos una cervecita?”. “Esto..es que me estoy muriendo, no me viene bien”. “Venga, hombre, una, eres mi colega”. Lo reconozco, cedo ante el chantaje emocional con facilidad, mentar a la antigua amistad es mi “ábrete sésamo”, y si hay bares incluidos de por medio, ya nos pueden dar las mil y una noches.
Tengo a un amigo con crisis pre-papa. Dice que no es por el nacimiento de su retoña en días, sino porque se ha dado cuenta de que se le terminan los objetivos que se marcó hace muchos años y se siente vacío. De un plumazo, quiere volver a la vida de soltero, la de viajes sin rumbo, despreocupaciones y mujeres en fila una tras de otra. Sí, ésa que tenemos todos los solteros. Un momento que voy a abrir la puerta que es la novena que pasa por aquí hoy.
En fin, se siente en una jaula tras ocho años de relación y todo lo que ahora hace con su pareja le disgusta, desde el color del que pintan las paredes de los cuartos al nombre de la niña, metido en una espiral en picado de a esta persona no es a la que conocí. “Después de toda la semana currando, necesito irme con mis amigos y emborracharme hasta caer en redondo, no comprende que yo soy así, no valgo para ir al parque a darle de comer a los patos”, se queja la fiera domesticada que, le recuerdo mientras me lo imagino vestido con un jersey a cuadros, entregó la correa en bandeja de plata y ahora le aprieta.
Al tercer componente del grupo de amigos íntimos no lo amarran ni dormido. Es Spirit, el córcel indomable que se resiste a abandonar su libertad, pese a que lleva a lomos ya a dos críos. Me acuerdo del día de su boda, de lo que me contaron vamos. Estaba currando y me llamó el amigo prepapa. “Sabes con quien me estoy tomando un cubata”. “No”. “Con el rubio”. “Pues vaya novedad”. “Es que esta mañana se ha casado”. “Coño, ya podía haberme avisado”. “No, es que él no lo sabía”.
Llegó del curro, es pintor de brocha gorda, tan tranquilo a su casa con la ilusión de comer y echarse la siesta, pero al otro lado de la puerta le esperaba su novia con el niño vestido de domingo. “Oye, ponte de bonito que me acompañas al mercado”. El pobre no sabía lo que le esperaba, se quitó la ropa manchada, y cogió camino del mercado, enfrente de los juzgados. Ella había pedido cita hacía meses y, como no se fiaba, no le dijo nada. “Oye, ya que estamos aquí, total, lo íbamos a hacer cualquier día ¿no?”. Y así fue la boda de mi mejor amigo. Sólo pude decirle al otro que lo emborrachara y ya lo pagábamos a medias. La mujer lo vistió de marido, pero no pudo nunca borrarle las pinturas de guerra.
Golfo como él solo, el día anterior al pre-papa ya apareció por mi casa a las ocho de la tarde, venía de un bautizo. “Que haces?. “Morirme, estoy de resaca” (sí, también había salido el día antes, dios los cría…) . “Pues ponme un cubata”. Apenas enlazaba unas palabras con otras. Papá desde los 20, curra de sol a sombra, y quedarse en casa el fin de semana es algo que no venía en el contrato que firmó frente al mercado. Montó en su moto, aún con medio cubata en un vaso que mi madre sigue buscando, y me dijo: “luego te llamo”. Vaya si lo hizo.
Somos tres y hace tiempo que no salimos juntos. Nuestras vidas han tomado derroteros diferentes, pero sabemos que, cuando nos necesitemos y no sepamos qué senda tomar, estaremos cerca. Cuando veamos el mundo sólo como un pañuelo de lágrimas, un amigo enfrente siempre te puede decir: “a ver si con tanto lloro vas a aguar el cubata”.

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2 Respuestas a “Colega, tengo un dilema

  1. Qué bonito, por dios! Lo leo y te veo dándote puñetazos en el pecho! Qué cosa má linda los amigos de toda la vida. De Rota vas a venir más humano, aunque también más cerca de la cirrosis… (tómate un Fanta de vez en cuando, hijo). A mí me preocupan esos niños: entre esos padres casados de camino a la compra y el tito pelirrojo no pueden ser muy normales en el futuro…

  2. Hola guapa¡ Ultimamente os ha dado por recordarme que soy pelirrojo, y como mis colegas, me siento en una jaula, pero de exhibición. Será por eso de que se me distingue de lejos en la playa. Lo analizaré en un post, no acostumbro a hablar de mí mismo, pero vosotr@s os lo habeis buscado. Besos¡¡¡

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