Veo, veo ligoteo

Conocí a una morena que tenía la nariz mu chiquinina y los ojos del color de 20 mares. Una gata que no tiene dueño, que asusta con sólo mirar.

Es el gran misterio sin resolver de todos los veranos. ¿todas esas tías buenas de los chiringuitos se van solas a casa? “No sé con quien se irán, pero ni contigo ni conmigo, picha”. Tengo a un amigo traumatizado con el camino de vuelta de los pibones veraniegos. En realidad, es la misma incógnita desde los 15 y eso nos pasa por seguir de discoteca camino de los 30.
Si nos juntamos la pandilla, no tardamos más de 5 minutos en recontar nuestros ligues de barra. No ya los propios, ésos van de carrerilla, sino los de todos y cada uno de los colegas. “Tú la de los aparatos y otra que estaba loca, fin” y a por otro hasta que llega tu turno y metes ahí a dos o tres más de las que ningún desmemoriado se acuerda. El ego masculino, cada día más golpeado.
Y es que eso de los ligues de discotecas tiene el mismo manual de instrucciones que un libro que tiene el padre de un colega encima de la tele, que todo el que pasa por el salón se tira de cabeza como si fuera el maná bíblico. Lleva en las pastas el título de ¿Cómo entender a las mujeres? y cuando lo abres, todos los folios, unos 200, están en blanco. Y el chulito que se atreva que empiece a escribirlo.
Actúo de mero observador, y analizo a los 20 que por noche le entran a una amiga. En lo que llevamos de julio, tres o cuatro ya le han dicho que es el amor de su vida, otros tantos la han invitado a desayunar y otros más directos han tirado por el rollo del morbo. Podrían escribir tratados sobre las extrañas maneras de ligar, de los tipicos que tiran los besos, saludan o dicen guapa, los clásicos de “oye tú me suenas, ¿nos conocemos?, ah no, po yo soy pepe” a uno que le dijo “qué bien huele por aquí”, se acerca, dice “¿eres tú?”, la huele, y entonces le suelta “¿o soy yo?” y se acerca para que ella lo huela.
Lo tienen que ensayar en casa, opino, porque espontáneo no parece. Al final, creo, si hay ganas y el corazón está libre, la táctica no puede influir tanto. ¿O sí? Porque no será lo mismo decir al presentarte “mira las estrellas en esta noche de verano, piensa en mí, que con ellas estaré y podré guiarte hasta mí, donde encontrarás todo lo que soñaste” que eso otro de “quisiera ser pirata, para encontrar el tesoro que tienes entre pata y pata”. Sea como fuere, lo importante es la decisión y buscar la oportunidad. Y si queda en ligue de verano, pues ya se los llevará el viento, que aquí hay para elegir, de levante o de poniente.
Mi colega, ocho años con la novia, probó en un bar de El Puerto, “pues yo me voy a acercar a ésas y me voy a presentar”. Le advertí que estaba desentrenao, que el costalazo se lo pegaba, pero allí que fue. Un ir y un volver sin parar por el camino. Qué te han dicho, le pregunté. “Me han dicho, quita de aquí bicho”. Eso por atrevido.
Pero de vez en cuando hay que arrimarse. Lo que sé lo aprendí de un colega de Valladolid, un maestro de esto, un cazador nato. Yo por aquellos entonces me quejaba de que era como el Cádiz, me faltaba un delantero centro: recibía bien en defensa si alguna me hablaba, movía la pelota y daba conversación, e incluso llegaba a los extremos acercándome para hablar más juntos, pero a la hora de meter cuello no tenía un rematador, un killer del área, así que me pasaba horas sin chutar, y claro, así no se mete gol.
El Juanito utilizaba la técnica de la envolvente. Primero conmigo. Él cogía y me presentaba a la guapa y se quitaba de enmedio, cuando yo ya la tenía agotada de hablar, volvía con una fea y me la echaba para quedarse él con la niña mona, e iba enroscándo a la víctima, cansada, en su tela de araña hasta que desaparecía y ya no lo veía hasta el día siguiente.
El que lleva la iniciativa siempre tiene medio partido ganado. A él le debo el fichaje estrella. Asumí la táctica de Clemente, patapum pa arriba y a colgar balones que ya habrá quien los remate, aunque se te vayan fuera o te rompas el cuello algunas veces que otras.
Aunque a mi amigo Juanito le ha pasado como a muchos cazadores, que al final se convierten en presas, y los que fueron fieros leones se convierten en mimosos gatitos que se enamoran de la primera morena que les ladra. Un ligue no tiene por qué ser siempre pasajero, depende de cómo se escriban las páginas de otro libro que comienza en blanco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s