Los ‘miarmas’

Los sevillanos tienen una gracia que no se puede imitar. Oído, que a nadie se le ocurra clonarlos.
“Qué passsa, miarma, qué hassse, aquí estoy en la playita, divinamente”. El sevillano es un ejemplar perfectamente observable en estado salvaje y fácilmente reconocible por su lenguaje seseante. En verano, cual mosca cojonera, habita los pueblos costeros y se deja ver tanto de día como de noche. Se trata, como se puede imaginar, de una especie invasora que lleva botines en lugar de tenis ¿eso cómo va a ser?
“Uy, miarma, qué sucia está la playa, yo ya no vengo más”. “Vayase a su casa, señora”. Respuesta de un simpático autóctono. Estuve tentado de añadir, “¿ha probado a meterse en su río, chocho?”, pero no era cuestión de apabullar a la pobre mujer, que se había quedado gélida a pesar del soletazo. Y es que adonde fueres, haz lo que vieres.
Preguntas. ¿Si durante diez meses se puede aparcar en cualquier sitio, por qué en los otros dos nos ponemos el coche de sombrero? Si hay un cartel delante del garaje, ¿por qué tengo línea directa con la policía municipal, que están a punto de regalarme un walki? Si he entrado en este bar desde que era chiquetito, ¿por qué estoy yo fuera y ellos dentro y sentados? Si mi primo Berto de 17 años llega escayolado hasta las cejas y suelta “he tenido un accidente”. No hace falta preguntar, es obvio. Si la matrícula fuera de Cádiz, sería de Jerez.
En tiempos de mi difunta abuela, todo era diferente. Tenía la edad de mi primo cuando iba a verla y me decía “vamos a dar un paseíto al parque victoria”. Le encantaba. Esa mujer que apenas podía sostenerse en pie, esa mujer que se agarraba a mi brazo como su único apoyo en este mundo, esa misma mujer cogía fuerzas de donde no las había, llenaba sus pulmones, segregaba toda la saliva de la que era capaz y lanzaba un estruendoso escupitajo contra cualquier coche vikingo. Eah, vámonos, éstos ya se llevan un recuerdo del pueblo”. Era su único hilo con la vida.
Los cachorrillos también hacen ejercicio, qué sanos ellos. Las tradiciones de los pueblos son para mantenerlas y sonreímos cuando vemos de caza a las nuevas hordas de chavales. ¡Ah, qué tiernos recuerdos de la infancia¡ “Oye, que ése está hablando con la Conchi”. Daba igual el nombre de la agraviada y si le gustaba más el forastero. Había que mantener a la manada unida frente a la hiena y el zorrón.
Eran otros tiempos. Cuando me fui a estudiar a territorio comanche, me quedé con tres amigos, al resto le dolió el agravio de pasarme a las filas enemigas. Cuando gente de la Facu venía a verme, recomendaba que no delataran su tribu. Tomando un tintito en un chiringuito, corría por el paseo marítimo un balón y mi pandilla detrás, todos casi negros, rapaos y tatuaos. “¿Ésos son?, oye, que yo soy de Dos Hermanas”, me preguntó el dominguero Jose. “Si sale el tema, diles que está en Granada, no te preocupes, ninguno terminó el colegio; y que no se te escape ningún miarma”.
Y es que no son bien vistos por tierras costeras, por eso algunos ejemplares ocultan sus raíces para intentar mimetizarse con el entorno. Hay sevillanos que juran que odian la feria y la semana santa para que se les perdone el pecado y perjuran que nunca han dicho ni dirán “es lo más bonito del mundo”. Esto viene de antiguo. Cuando Jesús sospechó que lo iban a entregar, todos sus discípulos preguntaron ¿seré yo señor? Él les contestaba que no. Hasta que le llegó el turno a Judas y preguntó ¿seré yo miarma?
Pero hoy he vuelto a recuperar la fé porque no todo está perdido, el camello puede pasar por el ojo de la aguja. Ayer estaba tan borracho que me di cuenta de que había perdido el móvil cuando llegue a casa por la mañana. Fui de nuevo a la playa a buscarlo pero no hubo suerte. Pero sobre las tres de la tarde han llamado al fijo de casa de mis padres. Un hombre se había encontrado el teléfono, se había preocupado de llamar a varios contactos y al teléfono de atención al cliente hasta que dio con el número fijo, que no lo tenía anotado en mi agenda. He quedado con él en la puerta de mi casa y era un chavalillo que también había estado en los conciertos de anoche.
Se lo he agradecido mil veces, le he asegurado que no todo el mundo hace una cosa así y esta noche le invitaré a unas cañas. “De verdad muchas gracias”, le he dicho mientras se montaba de nuevo en la bici. “De nada, miarma, es lo que hay que hacer”, contestó. Me he quedado sonriendo, mirando al cielo en recuerdo de mi abuela, y pensando que quien maneja los hilos de este mundo y a todos sus figurantes, no es que tenga gracia, ni divina ni mundana, lo que tiene es mucha guasa.

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5 Respuestas a “Los ‘miarmas’

  1. Y encima os ganamos el Carranza. ¡A quién se le ocurre, si queríais llevároslo haber invitado a otro!

  2. No te confies porque uno haya salido bien.

  3. Eres tela de patetico, tienes pensamiento de cateto de pueblo, MIARMA 😉

  4. Cateto de pueblo es todo aquel que no se encuentra en su ciudad o pueblo natal, Ejemplo: un sevillano en las playas de cádiz, huelva o málaga.

  5. Vamos a ver, he vivido dos años en Sevilla, soy Granaino, reconozco que al principio me costo la misma vida adaptarme a los Sevillanos y a su manera de ver la vida, de conducir, de poner la television al maximo numero de rallitas posible a ver si la oyen hasta en Utrera etc, aparcar el coche en una rotonda para entrar a tomarse una cruzcampo y llegar la policia y ponerlo en paralelo a ellos y entrar a lo mismo… un caos, pero reconozco que los Sevillanos son buena gente, hay muchos tipos de se Sevillano y tengo grandes amigos que lo son. No se puede generalizar pero se salvan muy poquitos. Ahora el Sevillano SEVILLANO pufffffff mejor ni hablar. Un besazo a todos que somos hermanos MIARMA!!!!!!! jajajaja

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