Sentar la cabeza

En la vida llega un momento en que todo el mundo alrededor empieza a pensar más de la cuenta.

Hay días raros que suceden a la resaca. Días interminables, demasiado sociables, en los que te miras a la camiseta y piensas si pone “cuéntame tu vida” porque a todo el mundo le da por informarte minuciosamente de sus planes de futuro y los “voy a dar un giro radical a esto” se amontonan unos a otros en los oídos, mil veces escuchado.
Mi hermano es una de esas personas que tienen las ideas claras, tanto que casi ni se ven, de transparentes que son. “Creo que voy a dejarlo, es una relación imposible”. Cuenta que la distancia con su pareja se les hace insalvable, además se va de Orgasmus a Inglaterra, no sabe dónde, y dice serio “es que me estoy dando cuenta de que tengo que cambiar”. No tiene dinero para hacer nada, pienso que ha decidido empezar a trabajar de algo; no ha terminado ninguna carrera, quizá haya decidido retomar los estudios; no está con una pareja más de tres días, pienso que se ha hartado de amores de barra. Pienso demasiado y a años luz de su pensamiento. “He decidido aprender a montar en bici”. Propósito 1: no tomes jamás en serio al hippy de tu hermano cuando se pone serio.
Mi abuelo es una de esas personas que siempre ha visto todo con claridad, y ahora no ve un pimiento. Tras confundirme con el panadero, a la seis de la tarde, por la voz en el telefonillo, cuenta que está fatal de la vista. Deja para el lunes lo de ir por una gafas, e insiste en que sin falta. No distingue unos medicamentos de otros, los de dormir se los toma por la mañana y las anfetaminas por la noche, abuelo pastillero. Por la mañana dice que se puso a pelar gambas para hacerlas al ajillo, en la cazuela metió las cabezas y tiró el resto a la basura. Se libró el gato por no pasar cerca, si no, no lo cuenta. En lugar de cerveza me da un batido y cuando va a por la cartera me da un billete de 50. Propósito 2: no agobies a tu abuelo con decirle que no ve, total, el lunes está ya ahí.
Mi colega es una de esas personas que toda la vida ha tenido claro lo que quería. Coche, casa, perro, novia e hijos, por orden. Llego a su casa con un regalo para la cría, “aparta coño que no es whisky”, y cometo el terrible fallo de preguntarle cómo está. “Con unas ganas de salir de marcha que me muero, ¿te quedas esta noche tú con ella?”. La diferencia entre un mango y mi colega es que el mango madura. Le monto el parque de atracciones que le he comprado a plazos a mi ahijada, dormida toda la tarde y bebo hasta que se despierte. Por fin a las horas le puedo enseñar el instructivo y educativo juego. “Mira qué bonito, África, para que aprendas y de mayor seas una niña lista, y vayas a la universidad, y te tires a tíos con dinero, no como la mama, que se queda preñá de cualquiera, ajo, ajo, ajo”, y la niña mira a la madre, que mira al padre, que a su vez me mira a mí e insiste en la oferta de que me quede de canguro. Propósito 3: no vayas a estar en el pueblo el día en que este chaval por fin salga de marcha, puede ser muy heavy.
Y mi amiga es una de esas personas que no sabe dónde tiene la cabeza e insiste en que habrá que ir a buscarla donde quiera que esté, aun sabiendo que no tendrá éxito. Para los más distraídos que aún no sepan qué es una mujer, he aquí una regla de oro: es el ser más parecido al hombre de los que se ven en la naturaleza. Anda erguido y habla, de hecho, habla mucho y la opinión más extendida es que lo hace para expresar pensamientos. En este caso, a ráfagas y sin nexo de unión aparente, lo mismo se hace monja que se monta un trío. Le cuento que el día anterior al ir a comprar un regalo, me dio un mareo que tuve que agarrarme a un segurata para no caerme en redondo en medio de un centro comercial. “Bueno, eso es del calor, pero te gusta ese tío para mí o no”. Propósito 4: la próxima vez que veas al señor muerte a los ojos, no se lo cuentes a una treinteañera con las hormonas desatadas. Querrá que te hagas amigo de él y le consigas el teléfono.
Así que me voy a casa a quitarme esta camiseta que debe tener un mensaje subliminal en el dibujito del pato lucas y a dejar reposar las cervicales sobre la almohada, mientras la gente a mi alrededor trata de ordenar el desorden que está a la orden del día. Por mi parte, dejaré que mi cabeza se pierda tantas veces como sea necesario y a sentar, sólo las posaderas.

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4 Respuestas a “Sentar la cabeza

  1. Más que sentar la cabeza, habría que acostarla, a ver si se aclara.

  2. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Quiero post de banderoluni ya!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Inevitablemente el tiempo corre y los años vuelan, y lo de sentar la cabeza pasa factura (aún más tras sábados de resaca), y hasta a ti a veces te llega el momento, no quieras disimularlo.

  4. no cambias tú, sino los demás

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