Loco encontrao

Sé que la vida sin una banda sonora que la acompañe sería una vida bien aburrida.

Escuché a Los Enemigos por primera vez a los 13 años y conecté al momento. Verdad que aún no entiendo muchas de las crípticas canciones que compusieron, verdad que los conocemos una pandilla de fieles porque es verdad que el rollo macarrilla si eres feo no vende y verdad también que había que ponerle un final al grupo después de 20 años porque podían defraudar a sus incondicionales. Así que en 2004 pusieron punto y final a su carrera y a muchos sólo nos quedaron sus discos, ya rallados, una alfombrilla de ratón, y los recuerdos, de los momentos vividos y de ex obligadas a ser enemigas a la fuerza.
A la Copera de Granada me fui a despedirlos, a gritarle al cantante “Josele quiero un hijo tuyo”, y la olla se me fue tanto que a las semanas me monté en una furgoneta con otros piraos y me pasé tres días durmiendo en los jardines para la gran traca final, tres días de concierto en La Riviera en Madrid.
Ahí se perdió la principal ventaja de ser fan de Los Enemigos y no, por ejemplo, de Madonna: nunca antes tuve que hacer una cola entrar a los conciertos. Aquello fue una experiencia cuasi religiosa, fieles con un único dios cantando a todas horas sus canciones, y uno de los flipaos con una aguja empeñado en que me tatuara uno de los logos del grupo como ellos. Puestos a elegir, hubiera preferido el del botijón de vino aguitarrado a la espina de pescado. Algún resorte en mi cabeza borracha, drogada y extasiada saltó y caí en que aquella chaladura fanática no tenía razón de ser y, a riesgo de ser un apestado de la comuna enemiga, aparté el brazo.
Hoy entiendo por qué. Desconozco qué fue de mis amigos para todo el fin de semana a los que perdí el rastro en el último bis del último concierto y cuya furgoneta no encontré a la vuelta porque irían camino de a saber dónde, pero ya en aquel momento supe que mi congénita y aburrida responsabilidad separaba nuestros caminos. Nunca me hubiera arrepentido del tatuaje, pero dudaba de poder estar a la altura de lo que significa.
Empecé a fallarle a Los Enemigos. No fue al principio, cuando Josele Santiago sacó disco en solitario al año y ahí estaba servidor a las nueve de la mañana en la tienda, sino un poco después. Empecé a fallarle en los conciertos, por compromisos, por trabajo, por.. Josele Santiago presenta mañana su nuevo disco en Córdoba con Andrés Calamaro. La ocasión viene a huevo, al día siguiente comienza el congreso del PP y sería un bonito preludio, un reencuentro con lo que fui y espero seguir siendo, pero veo muy complicado llegar a tiempo.
¿Qué me lo impide? La deuda histórica, una suerte de mentira política que justo tiene que decidirse el día que presenta disco Josele y que me va a tener en el periódico hasta que se apaguen los focos y se vaya el último borracho del concierto que hubiera sido mi amigo de toda la noche.
¿En qué me he convertido? Tiene un razón un olepapa cuando dice que últimamente me ve más reflexivo. Hé ahí el dilema. Por qué cuando me decido a hacer una de las cosas que menos me gusta hacer en esta vida, comprar ropa, no me reconozco en el espejo si no llevo camisa. Por qué en el periódico vamos a celebrar con gran borrachera el día que termine por fin el rollo de la deuda histórica y salgamos por fin antes de la once de la noche cuando nunca he encontrado excusa para beber. Y sobre todo, qué coño pinto en un congreso del PP.
Esta crisis no es pasajera, es un antes y un después. No estoy sólo, conozco otros casos de vida o muerte entre el rock y el trabajo donde gana el bichejo repeinao del pepito grillo. No hay fairy en este mundo que hoy hubiera borrado el pintajo que me hubiera hecho el melenas aquel. Hasta tendría que cambiarle el nombre al blog, tributo a una de sus canciones que los amigos tomamos como banda sonora de nuestra vida, amigos que por cierto tienen niños que cuidar y ni siquiera saben que actuaba.
Cómo hemos cambiado y cómo hago para resistirme a esta resignación. Qué razón tienes Josele, y van mil y una coincidencias, titulando tu nuevo disco. De loco perdío a loco encontrao.

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5 Respuestas a “Loco encontrao

  1. Enemigos, enemigos, los dolores de muelas pero a mi lo que me gusta es degollar dentistas.

    Saludos desde la otra orilla.

  2. ¡Qué barbaridad! Este blog se está convirtiendo en un Gran Hermano en el que contemplamos tu salto a la madurez, jeje

  3. Niño, desde Córdoba decirte que a Josele lo terminaron echando del escenario porque se retrasó tanto la prueba de sonido que eran las 4 y seguía cantandooooooo!!!!! Impresionante

  4. Reflexivo, maduro, responsable… no te dan miedo esas palabras, jeje

  5. Aún estás a tiempo. Te lo digo yo, que sé un rato de congresos absurdos, de enmiendas a ponencias, de zancadillas barriobajeras, de enanos con halitosis, de sonrisas de hiena. Hay vida más allá del periódico… Aunque me cojas en casa un domingo buscando en el Google algo de un tipejo al que no conozco pero que es noticia, esperando a verlo publicado mañana.

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