Expediente GC

¡¡¡¡Paraaaaaaaa¡¡¡ Recoge a esos dos que estan haciendo autostop, esos dos ahí parados que van de verde.
“Buenas tardes, los papeles del coche”. Esta noche me he vuelto a descojonar con Airbag, el desfase de película gamberra de Bajo Ulloa, joya del cine español con Makinavaja I y II, ahí van mis referentes cinematográficos. La escena de los guardias civiles parando el coche, y cuando el Kalda le suelta lo de “disculpe, payaso, no le he dicho que soy abogao”, me hizo de chaval bajarme más de una vez de la moto en un control de borrachos y decirle a los polis locales del pueblo que yo tenía estudios y sabía de qué me estaban hablando. Me tenía que haber comido más de una ostia, pero casualmente nunca me multaron. Y a veces incluso íbamos tres de paquete camino de las discotecas de las afueras.
Si hubieran sido hombres de verde, otro final hubiera tenido la historia. O no. La única vez que he ansiado verlos en carretera fue en León. Después de un festival en Aranda de Duero, paré unos días en Valladolid, y una noche, a unos conocidos de mi anfitrión les dio por continuar la juerga en su pueblo natal, leonés, que yo pensaba cercano en mi desconocimiento de la ancha castilla. Más que en coche, íbamos en jumbo y durante la hora de camino recé porque aparecieran los marcianos y le dejaran un recadito al aprendiz de Fernando Alonso. Con decir que dejaba el coche a dos ruedas en las curvas.
Mientras pensaba en los titulares del día siguiente de El Norte de Castilla, algo como “recogen cachitos de un gaditano en lo alto de la catedral de Burgos”, la aguja corría cada vez más arriba y los pueblos pasaban unos tras otros sin que me diera tiempo a ver el nombre. Y al fin, llegamos al punto de destino, y en la rotonda de entrada, Patrol con pirulos. “Bieeennn, mis plegarias al cielo, aunque tarde, han sido escuchadas”, saboreé rumiando mi venganza, en plato frío claro, era castilla. El kamikaze no reparaba en la presencia iluminada en la nocturnidad, seguía pisándole, y ya se distinguía el uniforme haciendo gestos, pero nada.
Cuando estábamos a dos metros, el policía hacía señales, en dirección al coche, ¡nos decía que no llevábamos puestas las luces¡ y ese gesto hacía con las dos manos. ¿Y qué hicieron éstos?, lo miraron y le respondieron doblando los brazos y meneándolos, con el baile de los pajaritos, chu chu chu chu. No me lo podía creer. El guardia por lo visto era el Perales, un conocido del pueblo y se tenían más que vistos. No miré por el retrovisor porque me temí que el agente estuviera removiendo la colita. Unos cachondos los leoneses, los moraos y los de verde.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s