Ratón colorao

Cada vez que te miro, se me pone cara de ratón.

Mi madre cada vez que me llama es para preguntarme cuándo voy para allá y si he comido bien. Siempre le miento en lo de “este fin de semana seguro” y en lo de “uff, mamá, me he hecho una cena que es para que estuvieras aquí”. Ella se queda tranquila, orgullosa del retoño que tuvo en sus entrañas y todos a dormir tan felices. Si pusiera una cámara en mi salón, me vería dándole mordiscos a un queso de bola que me puso en la maleta y sacando picos de una bolsa que me dejé abierta la noche anterior y se han puesto reveníos. Tengo un problema con el queso, no es que me guste más o menos, es que se ha convertido en la base fundamental y casi única de mi dieta. Que si me hago pasta, que si pongo una pizza en el horno o un sándwich en el tostador, hasta se lo echo a la tortilla, al puré y a la ensalada y claro, se me está poniendo cara de ratón o como me decía una ex con las paletillas separadas, de maldito roedor naranja.
Los bichillos me caen simpáticos. Me harté de reir con unos ratoncillos albinos a los que pusieron debajo de unos focos de luz a ver si se ponían morenos. Vi las fotos en el periódico, tan chicos, con su flequillo naranja, sus gafas de sol y con el hocico lleno de crema blanca, y estuve a punto de escribir a la revista Nature para que les pusieran una piña colada con su sombrillita, qué cosa más graciosa. Me los imagino de grandes, cachondillos en la playa, viendo a las ratoncillas en tanga que están como un queso y chillándoles “eso son agujeros y no los del gruyere”.
Pero ya con lo que voy crear un club de fan es con el antechinus macho o ratón marsupial dentón. Vale, están en peligro de extinción, pero mueren con el bigote tieso. Viven tranquilos al principio, cuando tienen seis meses les llega la época de celo y entonces ni comen, ni beben, ni duermen, sólo viven por y para el sexo. Hasta dos horas se pasan con una y con otra, sin besitos ni nada, y cuando terminan, se mueren y las crías que las mantenga el que venga detrás. Dice la Wikipedia que pagan ese precio debido al estrés de la competición y las agresiones entre ellos por conseguir aparearse y la hiperactividad a la que están sometidos durante la época de cría. Hombre, si conociera a algún antechinu le diría cara a cara “a ver chiquillo, cómprate una agenda electrónica y te apuntas el móvil de las marsupialas y tómatelo con tranquilidad que no te da tiempo ni al piti de después”, pero no me echarían cuentas porque ya se sabe cómo son los antechinus machos.
Así mirado quiero ser ratón si hay cola de león, y me voy a a comer hasta los quesos del trivial. Y si me vuelvo roedor, llamaré a mis ratoncillos peleones, cogeremos las guitarras y cantaremos aquel Sol de invierno de Extremoduro y corearemos “..y ella era la reina de las aves, y yo le puse cara de ratón, ella iba volando por el cielo, y yo le dije, vamos al pilón”. Y todos a una “…y su calor es como el sol, poco a poco voy poniéndome moreno, y su calor es como el sol, no te acerques tanto que me quemas los pelos”. Y a esquivar las ratoneras, ¡que nos la dan con queso¡

Anuncios

Una respuesta a “Ratón colorao

  1. Obviamente, al antichinus macho le compensa pagar ese precio, y a mí también me compensaría, a ti, no?? Busca versiones femeninas de este querido ratón porque existen 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s