Ole Pivo III, (los sentimientos)

En checo se dice "vayatelakonlacheka"

Sigamos por donde íbamos. Como culturetas aficionados a ver monumentos, leit motiv del viaje, salimos del apartamento temprano dispuestos a ver algo más que bares. Es lunes, y antes de hincharnos de andar, pasamos por el super de un centro comercial a por avituallamiento. La nostalgia me invade y meto en la cesta todo lo que veo en castellano. “Chorizo de la sierra”, así tal cual, se me caen dos lagrimones y pienso en la paradoja del cerdito español, de los parajes españoles (¿qué sierra será?) a un super checo y de ahí al bocata de un compatriota.
Como cabras, antes de ir a ver el castillo vamos a subir el monte Petrin. Vaya caminata buscando ardillas y arriba del todo el Rohzledna, una imitación de la Torre Eiffel que ofrece las mejores vistas de Praga, a quien suba claro, que yo me quedé abajo echando un cigarrito.

¿Dónde se habrán metido estas malditas ardillas?

En el camino a Hradcany, donde está el castillo con los guardas que no se pueden mover y todo el mundo putea sin que ellos muevan una ceja, reflexiono sobre una circunstancia que me tiene intrigado: todas las checas tienen los ojos verdes. La ciudadela impresionante, la catedral con la tumba del patrón de los puentes muy solemne y bonito el camino por el río por si vuelvo con novia, pero sobre todo busco cruzarme con esas miradas, es como ver el mar. Vaya mañana ñoña que llevo, cerditos, ardillitas y ojitos, por lo que va llegando la hora de ir a comer y beber. “No soy un romántico, sólo tengo hambre”, apunto en el cuadernito, cuaderno, cuadernón hostias.
Por fin conquistamos los Balcanes pillando mesa en el Gitanes. Como hombres de pelo en pecho, llamamos a la simpática camarera para que nos aconseje algo de la carta que coman los rudos hombres de los Cárpatos. “Pero sin mucha grasa, please”. Nos recomienda SAC, que lleva un montón de cosas, y kukuricna proja. Rezamos porque no nos planten otro kilo de bicho muerto en la mesa, tampoco somos tan rudos y yo tengo la mañana tonta, y me alivio porque la historia va de maíz, buñuelos, patatitas y salsas, que parece que estamos desayunando con tanto queso philadelphia, más unos tortellini al funghi. Como son las cuatro de la tarde, en el bar sólo están unos madrileños que, no por ser de capital, son menos catetos.

Tony en la casa de Cuéntame


A la camarera simpática de ojos verdes le dejamos más de cien coronas de propina “service is not included” reza en la factura y tiramos para el puente de Karlov que las figuritas nos estarán echando de menos diciéndose entre ellas “y esta gente no pasa hoy por aquí siete veces” y vamos cogiendo caminos alternativos para llegar al apartamento, unos pragueños ya sin mapa ni nada.
Y por la noche, haremos lo de siempre, lo que nos gusta y lo que nos divierte, cantaban Los Ronaldos. Echo de menos a los roquerillos, pero en Praga hay que vivir el jazz. “A conciertos de rock se puede ir todos los días en Sevilla”, convencen mi escepticismo. En el Agharta, el club de jazz más famoso de Praga y el único con tienda, tocan Rhytm Desperados. El bar está lleno pero nos acomodamos en la puerta con unos sillines que nos trae el dueño y nos dejamos llevar por la música.

"¿Y a mí por qué no viene nadie a verme?" (es al día siguiente)


Un show de un quinteto que anima a la gente y bromea todo el rato. Tienen un ritmo latino (digo yo, tampoco trabajo para el Rolling Stones) y a mitad de sesión tocan el ‘Quiéreme mucho’ versión instrumental. Huyo a la zona de fumadores porque, insisto, creo que me ha pillado en uno de esos dias donde las nubes son rosas. Unas camisetas, un poster de la genealogía del jazz y como aún no son las 12, camino del U Fleku, que viene en la guía como sitio de marcha en Novo Mesto. “Es una calle que empieza con J, lo miré en la guía”, me defiendo después de media hora dando vueltas a un barrio donde no hay ni cristo pensando que, quizá, tres días no son suficientes para conocer Praga al dedillo.

Sin quererlo ni beberlo, y desechado el U Fleku, aparece el Vagón, recomendado como el sitio rock de la ciudad. Soy feliz, por fin una guitarra eléctrica dejándome sordo, deseo en la entrada. El concierto ya había terminado, más cerveza hasta que apagan la música, y el camarero sonríe cuando le decimos “the next bar”. Un amable joven checo nos apunta “Batallón, non stop” y tiramos millas confiados en los lunes noche de Praga. El ambiente no es el más idílico, dos borrachos duermen en las mesas con sus copas de vino vacías, pero ahí que le dejamos otras 300 coronas en cervezas a la camarera de ojos verdes mientras vemos un documental de Woodstock. Se anima cuando llegan, como no, un grupo de erasmus españoles y, ya al final, dos guiris borrachas que, lo siento, no tenéis los ojos verdes.

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Una respuesta a “Ole Pivo III, (los sentimientos)

  1. PERO CHEKO!!!! VAYA TELA CON LA CHEKA!!!!

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