Vecinitas

“Soy tan, tan hot, un sexy singular, un sexy regional, oh, oh, oh, ven a mí”

No aconsejo llamar a mi telefonillo. Se queda pillao y forma un circo en el bloque que despierta hasta las piedras. Odio a los chiquillos que me hacen bajar en batín a la calle con un destornillador y compadezco a los repartidores del telepi que me presentan excusas cada vez que vienen a casa a solucionarme la pereza. De repente, suena un extraño y desconocido ring que me sobresalta de la siesta. No es abajo, es en la puerta. Nunca antes que recuerde habían tocado ahí. Sólo espero que no sea mi vecino albano-kosovar, con dos metros y medio, pinta de militar aún en el ejército serbio y único ocupante del edificio junto a mi persona. Rezo porque sea el cartero, los del gas que se han colado, o los hare crisna si quieren, pero no mi vecino con inquietantes intenciones.
Miro por la mirilla. Es una chica. Y abro sin reparar en mi atuendo. Pijama de ositos de pantalón y camiseta interior de tirantas de ésas de albañil. “Hola, soy tu nueva vecina de abajo”. Y entonces, como un profesional del agasaje ante una asustada corderilla, salta en mí ese resorte de conquistador nacío para amar, una postura arrebatadora, suavemente apoyado sobre la puerta, esos ojos entornados y cejas fruncidas al estilo Noriega y esa música que suena de hilo musical como banda sonora “I’m too sexy for my love, too sexy for my love, love, love, love’s going to leave”.
“Holaaaaa”, saludo con voz grave, capaz de hacer temblar los pilares del edificio. “Perdona por molestarte, es que tengo un problema”. Cuántas veces no se habrá utilizado este guión en las películas, sobre todo en ésas, sí. “Cuentameeee”, y sueno más dulce que un postre de chocolate con nata y caramelooooo.
La ayuda a la vecina es una asignatura fundamental del playboy de barriada. Si está buena, claro. Si no, buenas tardes y saludo en la panadería, si eso. Casi tres años estuve con una, ¿para qué ir más lejos?, y antes de mudarme aquí, perdí un tren por intentar abrir una puerta en plan macgiver con una tarjeta de crédito. Las llaves se le habían quedado dentro. Era madre soltera y necesitaba de un macho, aunque sólo pudo tocar al timbre de un niñatillo que al menos puso todo de su parte.
“¿Tienes las llaves de los contadores de la luz?”, pregunta la víctima. Su primera factura supera los 250 euros y el dueño pasa de ella, por lo que ha decidido pagarlos para poder ver la tele. “Ehhhh, no”, como en las series malas, la música suena a disco rallado, no viene a pedir azúcar o un limón. Operación: desactivamos lanzamiento de los virus del amorrrrrr. Ya como una persona normal, la aconsejo que reclame a Sevillana y le insista a su propietario, que como va a comerse un marrón así. La chica está desconsolada y las luces de neón chillan que necesita de un abrazo, pero un lobo no come carroña. “Lo siento, ¿puedo hacer algo más por ti?”, escucha con un tono similar a las despedidas de los curas después de dar una absolución, sin esperar una respuesta. “No, gracias”. “Suerte”.
Cierro la puerta y vuelvo a mis quehaceres. Aún me puedo echar otros veinte minutillos. “Demasiado mujerona pa mi gusto”, pienso para encontrar una explicación a cómo ha podido salir indemne de mis virus, con semejante pose, y para los que aún no se ha inventado vacuna. Reparo en un lamparón de natillas en la camiseta y que me falta un botón en la portañuela del pijama. Necesito ensayar más.

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3 Respuestas a “Vecinitas

  1. Yo sólo tengo una pregunta: ¿de verdad que usas batín? Porque con un lamparón de natillas en la camiseta de mecánico, con los pelos soboqueros al aire, pues la verdad… entiendo que la vecinita no se fijase en ti, pero si llegas a abrir con el batín cae rendida, fijo… Por cierto, una duda: ¿se montó tu madre en el tranvía que se tragó el chiringuito? Si no la llevaste es porque eres mal hijo. Vamos, que si te lo llega a pedir la vecina ésa que gasta tanta luz…

  2. Siento discrepar, querida Gregor, pero un batín es lo menos sexi que me pueda imaginar. Si me apuras prefiero camiseta de albañil con lamparones tipo Marlon Brandon, que batín de padre tipo Arturo Fernández. De todas formas, creo que sí, que tienes que ensayar un poco más. Por el momento, podrías apuntarte a un cursillo de esos de bricolage por si acaso se deja las llaves dentro. Suerte en la próxima.

  3. Ufff, estás perdiendo facultades… Vamos a tener que enseñarte a ligar Fuentes!!!

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