Todos los nombres

El proceso del enamoramiento consiste en un llegar que no es un terminar sino un continuo seguir llegando . (José Saramago)

Me he vuelto a enamorar, sucede. Recupero aquella frase que acuñé y repetían mis amigos universitarios cuando paseábamos por el campus. “Qué fácil es enamorarse, dame sólo 5 minutos”. Este estado primaveral me lo han regalado Elena y Ángela, gemelas. Como son iguales, no puedo decir que me guste más una que otra. Ya conozco hasta a sus padres, así de rápido. Me ganó primero Ángela, cuando casi me metió la mano de una barbi en el ojo para que viera a su muñeca de cerca. Ella tiene esos prontos. Luego llegó Elena, que pasó de mí un kilo porque ponían los teletabis. Le gusta hacerse la durilla. El fotógrafo también se quedó prendado de las niñas y sé que cuando el domingo salga el reportaje, se guardará un periódico, como haré yo.
La única pega de nuestro encuentro está siendo diferenciar en el texto cuando habla la madre a cuando se mueve Ángela y le da por pegarme en la cara con la barbi, porque tienen el mismo nombre. En mi casa pasa lo mismo, yo y mi padre volvemos la cabeza a la vez. O cuando llaman por teléfono y hay que aclarar ¿padre o hijo? y yo digo “ a ver qué tontería, no me llaman a este fijo desde el 2000, para eso tengo móvil”, pero las costumbres pemanecen.
Si tuviera que posicionarme, y a pesar de los inconvenientes puntuales, soy totalmente partidario de que un hijo se llama como su padre y la niña como su madre si les apetece y aunque sea un lío como en mi casa y en la de Ángela.
En el que será mi chabola, no cabrá discusión. Mientras mamá poligonera (cada día estoy más seguro de que será asi) se afana en que si le ponemos el johna o el josué porque lo ha visto en fama o programa similar que le suceda, yo me subiré los pantalones a la altura del cachuli y le diré que nanai, que Antonio como su padre, su abuelo, su bisabuelo, su tatarabuelo, como Antonio Molina y el sursum corda. Si es niña me da igual, aunque sugiero Antonia, la Toñi para los amigos, o Estebana, como mis abuelas. Pero si es un pelirrojillo, ése se llama Antonio como su padre, su abuelo, su bisabuelo y su tatarabuelo y así hasta el principio de los tiempos.
Lo que nos podemos ahorrar es lo del nombre compuesto, ya bastante lucha ha tenido su padre. Desde chico queriendo hacerlo desaparecer como algo que jamás nunca existió, y los organismos oficiales conjurados para hacerlo relucir en el momento menos sospechado. Achaco mi pena al capricho de mi madre. Argentina acababa de ganar el mundial del 78 y se pusieron de moda los julioalberto, diegoarmando y juliojosé. Me retorcí desde el vientre pero mis patadas no impidieron que se cometiera aquel crimen contra la estética nominal y el buen nombre quedó manchado.
Aún me estremezco cuando en el pueblo, escucho a mis espaldas a algún compañero del colegio gritar “Antonio Jesússssssssssssss” y a mi me dan ganas de hacer “chiu, chiu” y hacerme el loco como el curandero aquel. O mirar hacia atrás en el banco, para comprobar si alguien se ha dado cuenta, o acordarse de tus compañeros cuando te vas de caravana electoral y te firman tus noticias con tu sobrenombre, aquel que ya, comprendes, es imposible hacer desaparecer.
Lo mismo le pasaba a una compañera de clase en el insti, se llamaba Dolores Estefanía, y escondía la cabeza cual avestruz cuando la llamaban a la pizarra. Yo intentaba consolarla desde la distancia, sufría en carne propia, pero jamás me acerqué a ella, no crucé una palabra en cuatro años, no sabía como llamarla.
Como Prince, quiero que se me conozca sólo por mi nombre artístico, Antonio. Y ésa es la sintonía que me he puesto en mi nuevo móvil, que cuando me llaman suena “qué bonita forma de llamarse, Antoniooooo” de un cantante que se llama An-tonio y al que los Enemigos le dedicaron la canción Antonio. Por cierto, mi amor se llama Elena Esmeralda, pero yo no le lastraré su futuro y para las hemerotecas quedará sólo como Elena, la niña que un día me robó el corazón y no me lo devolvió.

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2 Respuestas a “Todos los nombres

  1. Que bonito Antoñito……
    Y es que aunque quieras ir de pelirojo duro, lo cierto es que tienes un ” corazon de oro “.
    Yo también me quedé prendada de las niñas en el reportaje. Lo que sentistes, lo transmitistes estupendamente…

  2. No te preocupes por tu nombre, los conozco peores. En mi familia es tradición lo de llamarse Orosia María… sí, repito O-RO-SIA- MA-RÍ-A menos mal que le tocó a mi tía y que a mis padres no les va eso que tú predicas de bautizar a los hijos con el nombre de los papás, sino hubieras tenido una Oro u Orito en la sección… tiemblo sólo de imaginarlo brrrrr. Por cierto, qué ‘tieNno’ que te ha quedao 🙂

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