Miedo II

“Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo” (Voltaire)

Recuerdo el día que llegué a Sevilla, para instalarme en ella, con unos 17 años, primer año de Facultad. Me dijeron: “no se te ocurra ir a la Alameda”, por entonces era un reducto de drogatas y prostitutas, y claro, eso me intrigaba, y cuidado en el Parque María Luisa. Sólo llevaba 10 minutos en la ciudad cuando me senté en uno de los bancos del parque que se me antojo mi estreno en la libertad. Hacía lo que quería, era por fin, libre, de fumarme un cigarro, de estar el tiempo que quisiera sin mirar un reloj y de mirar a quien deseara. No tardó en llegar un ciclista que se interesó, no sólo por la hora, también por mi agenda de tarde. Salí corriendo, por miedo. La gran ciudad.
Hoy he vuelto a mirar con ojos de estreno. Faltaban dos horas desde mi primera rueda de prensa hasta el Consejo de Gobierno, así que decidí pasear con el Makaroff en los aurículares y confundirme entre los turistas, tampoco hacía falta disfrazarme mucho. Primero fui hasta la Plaza de España y me senté durante un rato en los bancos de Cádiz, por si alguien quería saber los clasificados para semifinales. Sin poder dar las noticias, pasó una rubia y la seguí, a distancia, hasta la clase 102 del Rectorado, Geografía ponía en el letrero. Le pegaba más una filología.
De explorador, se me apeteció un café y entré en el Starbucks. Otras guiris leían libros en sofás y pensé que ésa no era la ciudad que conocía, me pareció, otra. Pedí un café y me preguntó la camarera “¿te gusta la crema de leche?”. Ése fue el momento en que se me notó que estaba fuera de ambiente, que nunca me debieron dejar de salir del pueblo y pregunté “¿er qué?”. “¿La crema de leche?”. “Sí”, dije no muy convencido. Y para no desentonar más, cogí un dulce de caramelo. Lo intuía, ese café era lo más parecido a darle un bocao a la teta de una vaca y estaba más caliente que el queso de un sanjacobo. El destino del pastelito, previsible.
Me gustaron las portadas de la exposición de El Correo en Constitución. La cale estaba muy viva. De vuelta, cogí por el parque María Luisa hacia la Casa Rosa. Muchas fuentes y toda la mañana fuera, así que busqué como un desesperado una adelfa. Qué bonita la naturaleza para desahogarse.
Todo lo demás dentro de la rutina, hasta que cerca de las nueve noche me han censurado por primera vez. No puedo publicar mi información por intereses empresariales. Justo en mi reconciliación, tengo más ganas de irme que nunca. Este estreno me está comiendo, este sabor es demasiado amargo, demasiada prostitución, esa universidad me parece un engaño, esas portadas son pasado, no hay desahogo por muchos cubatas que he tomado y aquella libertad que sentí, ha salido corriendo, por miedo.

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4 Respuestas a “Miedo II

  1. Ánimo, compañero, para los buenos como tú siempre hay esperanza. Un beso enorme…

  2. A seguir dando guerra, que todavía quedan muchas partidas por jugar.

  3. No sólo escribes bien; además regalas sonrisas. Y encima, tienes un ´par´. Felicidades.

  4. ¿Censura? ¿Estás de broma? Este es un país democrático en el que la prensa controla al poder sin coacciones. Y mucho menos en tiempos de crisis en los que los medios están con la soga al cuello, no digamos los periodistas. Como dijo un amigo, si Mongolia pidiese la extradición, nos quedábamos solos.

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