Auro y Coco

Últimamente estoy fascinado con el mundo de la moda. Me sorprendo a mí mismo delante del armario, conjuntando camisas y pantalones, y diciéndome “no chico, esto no pega”. Yo, que prefiero meterme en una jaula de leones vestido de cervatillo a ir a un centro comercial. El mismo que pisa una tienda de ropa, echa un vistazo por arriba, coge dos chalecos que probablemente ya tenga y corre hacia la caja sin vestuarios por medio y dice “¿tenéis esto de la M?” o su variante “¿y esto del 42?” en caso de ser pantalón, ahora 40, descubro después de ir tres veces a descambiar (¿han cambiado las tallas?).
Pues lo dicho, ahora me entretengo mis cinco minutillos conjuntándome, cosa que no es muy difícil porque mis cinco o seis pantalones son vaqueros y mis camisas, camisetas, politos, chalecos y demás cosas d’arriba se dividen en dos estilos: claritos y oscuritos. Buena parte de mi nuevo hobby la tiene mi madre, ésa a la que se le encienden los ojillos cuando le digo “má, que me he ido de tiendas, mira lo que me he comprao” casi a la vez que se le frunce el ceño cuando observa la nueva adquisición, se dirige a mi armario y sin rebuscar demasiado saca una prenda casi idéntica, a veces clones. “Coño, qué coincidencia, ¿me lo has regalado tú?”, tiene la pobre que escuchar indispuesta, lamentándose de un destino que para su desgracia no la recompensó con ninguna hija.
Y es que, hasta ahora, no hablábamos el mismo lenguaje. Ella me decía “te he tirado la camiseta azul, que estaba muy vieja”. Y a mí plim. Entonces yo le chillaba desde mi cuarto “maaaa, dónde está mi camiseta negraaaaa”. Y ella me decía que la había tirado, con mi consentimiento expreso y, ante mi furia sin cabida donde el cielo tronaba por la injusticia sin precedentes cometida, ella reponía: “ésa no era negra, era azul, azul marino, tan convencida como de que dos más dos son cuatro. Y lo que yo llamaba camisa rosa, resulta que no es rosa, es lilita. Y mi camiseta claritaperoquenoesblanca resulta que es beige o es crema. ¿Cómo no sentirme atraído por ese sin fin de apreciaciones, de colores en la paleta de la vida, para alguien que sólo conocía a lo sumo cinco o seis colores? Qué decir de ese fucsia,violeta, pistacho, celeste, melón o salmón, esas palabras desterradas del imaginario masculino.
Yo aún no sabría diferenciarlos, pero en mi viaje me están ayudando Auro y Coco. Tienen un blog en el diario y cada vez que entro me introduzco en un universo paralelo. No tengo ni idea de qué hablan pero lo hacen con tanta convicción que tiene que ser entretenido. Y ahí me puse, y lo veo más divertido que el fútbol por la cantidad de polémicas que se desatan con lo que es fashion y lo que no. Hasta participo y todo porque tengo mi propio criterio.
Me he descubierto como un enemigo del morao, el color, porque por mucho que esté de moda, no, nunca será un color para un tío. Hasta ahí podríamos llegar. Y dos: me he descubierto que no me gustan las tías que se ponen pantalones cortos con medias. Paso por al lado de ellas y las miro así con gesto de “uy, que hortera”, con las caras ésas que ponen las tías, que miran de reojillo porque no les gusta pero te escanean de arriba abajo con cara de limón. Y ni me doy la vuelta para mirarle el culo ni nada, para mostrarle mi desacuerdo estilístico.
Y es que Auro y Coco comentan la moda, y luego dicen, Seguid así de guapas, y luego viene la parte que más me gusta que es donde se ponen criticonas malas con el cintillo de Ni se te ocurra: y ahí es donde ya me pongo a dar palmaditas porque tienen su propio concepto de lo que es moderni y de lo que es cutrelook compuesto de apañeitors que es lo que para ellos significa ir hecho un cromito que, añoranza mía, es lo que me ha dicho toda mi vida mi madre.
Si éstos abogan por combinar el naranja charoliqui con el morado, yo me vuelvo loco intentando descifrar qué coño es eso y componiendo en mi cerebro de cuatricomía cómo encaja el invento. Y si éstos desaconsejan comprarse un abrigo de cuadros para evitar ser conocida como “la del abrigo de cuadros” y yo me acuerdo de tantas “abrigos de cuadros” del instituto, de la facultad, de ésas que no te sabías el nombre pero era “la del abrigo de cuadros”. O dicen que con una falda de cuero, que es un must de temporada, “no se te ocurra meterle unas botas de las de punta afilada y cremallera lateral. Uy, no”. Y me pregunto por qué será tan malo. O también he aprendido que eso que nos pone tan malos, que son como unas mallas que llevan así el culo apretao, por lo visto se llama leggins. Pero qué mundo es éste y por qué he estado viviendo en otro, tan ignorante y daltónico.
En fin, y lo que más me ha gustado es que ¡¡vuelve la ropa arrugada¡¡, así que a tomar viento la plancha y si alguien me dice algo por la calle, pondré cara de limón y les contestaré muy altivo “no tienes ni idea de moda, lo dice Auro y Coco”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s