El lince se pierde

ESPAÑA-JORNADA VIDA

No he visto a un lince de ésos en la vida, pero ellos han marcado mi trayectoria periodística desde los pinceles hasta el rabo. Cada cosa que les pasase, era motivo de noticia. En la agencia, cada muerte de un ejemplar se daba “en rojo”, fórmula con la que suponíamos nosotros que saltaban todas las alertas en las redacciones (después me di cuenta que todos los teletipos salen del mismo color, con las bullas que nos llevamos por no dar supuestas noticias importantes en colorao).
Y más de una mañana me despertaron a las ocho de la mañana y tenía que salir abrochándome la correa por el primer piso porque aquello era de “urgente no, urgentísimo”. Más de una vez deseé que se extinguieran todos de una vez para que me dejasen dormir un par de horitas más. Y ahora, con tantas presiones políticas, concluimos que sólo vamos a poder escribir de ellos, que lo demás está muy manipulao.
El nacimiento de los tres primeros linces en cautividad en Doñana fue otra de esas noticias madrugadoras. La primera vez en la historia. Ellas eran Brisa y Brezina y él Brezo. La madre, Saliega, fue durante años la gran coneja del centro. Todos estábamos locos por conocer todos los detalles. Entonces no había Dónde estás corazón y de ésa se libraron, porque la historia adquirió tintes dramáticos. Brezo se cargó a Brezina al día siguiente, un hermanicidio en toda regla. Luego contamos sus primeros cien días en aquella especie de gran hermano que era el centro. Los técnicos observaban por cámaras, pero nunca entraban en el recinto. Años más tarde Brisa fue madre y Saliega abuela.
Me encantaba intentar adivinar los nombres de los nuevos cachorros: cada año, empezaba por una letra y tenían que ser de plantas. En 2009 es la E, pero el animal es tan mediático que ahora se hará por votación popular, siempre que las propuestas empiecen por esa letra.
Muchas veces, somnoliento, me indigné con el bicho éste. Si dicen que es tan listo, cómo estaba tan cegato para no ver los coches en la carretera. Qué falacia eso de la vista de lince. O tan ágil, con los muslos que tiene para dar saltos, qué estás haciendo pichita, me decía cada vez que tenía que escribir “hallan un cadáver de lince en la carretera de Matalascañas…”.
Hace poco me lo explicó Fuensanta Coves, ex consejera de Medio Ambiente. Antes me reí con su anécdota de la primera vez que vio uno, una suelta en libertad. Estaban todos los políticos allí, con los foteros, trajeron la jaula y cuando iban a abrirla, todos esperando que saliera un cachorrillo de ésos de anuncio, escucharon un gruñido y todos salieron de allí por patas, que se les comían. La explicación a su alta mortalidad, dice Coves, es que son una especie que no está amenazada por ningún otro depredador y campan a su aire hasta que escuchan a un coche y van ahí to chulitos a desafiarlos y claro, piñazo contra el capó. Y el susto del conductor con un bicho de éstos saltando en lo alto tiene que dar para otra noticia.
Por si no tuvieran poco, ahora el animal más mediático, vuelve a estar de actualidad. Hoy hemos recibido una carta en el periódico:

Estimado director:

 

Hola, me llamo Enrique José y soy un lince, no me refiero a una persona astuta sino a un animal en peligro de extinción. Ayer estaba en casa con unos colegas linces y vimos la campaña ésa de los humanos contra el aborto, en la que aparece un amigo nuestro. Como somos cuatro, nos conocemos todos. Dicen que estamos más protegidos que los niños. Si estuviéramos igual de protegidos que los curas a lo largo de todos estos años, no estaríamos como estamos, que para tomarte algo con un colega tenemos que hincharnos de andar un montón de kilómetros. ¿Y lo de ligar? Ahora encuentra una, y si tienes suerte y la ves, sales corriendo ahí detrás a toda hostia con los dientes pa fuera y ahora que, si no, que no está segura de mis sentimientos, que esperemos a conocernos, que ya para otra vez que nos veamos…ya lo dicen los biólogos, nuestro principal problema es la falta de conejos.  Y los humanos todo el día que si costamos muy caros, que si son ese dinero se nos podría comprar a cada uno un chalecito en Matalascañas, una pechá de biólogos detrás nuestra para ponernos una correa, que no nos dejan vivir tranquilos vamos. Y ahora llega la Iglesia y pone una foto, que por cierto es un robado porque no le han pagado ni un duro al chavalillo. En fin, antes de que se me caiga el boli de las garras, aprovecho esta oportunidad para lanzar un mensaje a otros linces: “seguramente los cazadores no existen, así que disfrutad de la vida”.

(La foto, de Juan Carlos Hidalgo, de Efe; la inspiración, de Javier Coronas, un crack)

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2 Respuestas a “El lince se pierde

  1. Buenísimo, enhorabuena, me ha encantado, es que toy con la boca abierta al leer…

    Pobrecitos curitas que han tenido que protegerse ellos mismos en un país denominado Vaticano, sumidos en una pobreza extrema, sin lujos, sin riquezas, sin sexo, uff, sin preservativos¡¡¡¡ Y creo que cada uno de ellos nos cuesta más que un lince…

    Merchita

  2. Gracias Merchita. Para colmo del ridículo, la foto que han puesto no es de un lince ibérico. No dan una. Bienvenida.

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