Que viene, que viene

A ver, usted: ¿Qué es lo mejor de la Semana Santa?

Caminaba una soleada pero fría mañana de domingo de Pascua, Pasión, Penitencia o como se llame de camino al curro tras haber batido todos los récords anotados en los anales de la marcha callejera cuando no pude esquivarla y se postró frente a mí. Una rubia con afán de conocimiento.
No había tenido bastante con el susto que me llevé, cuando corriendo por el río me gritó en la oreja un “¡chai güer naich nen¡” el entrenador de los regatistas holandeses que entrenaban en el agua. Él iba en bici animándoles, echándoles la bronca o a saber dios qué y justo a mi vera tuvo que pegar un chillío a los zagales que me acojoné como si fuera un refugiado en un campo de concentración y me puse a correr que si no me paran llego a Coria.
Decía que iba al curro ya calmado y por una vez sin esquivar a grinpís, intermones y toda suerte de voluntariosos, cuando una chica aprovechó que iba distraído y me plantó de repente una alcachofa de radio en la boca con una, en apariencia, ingenua pregunta. Podían haber sido tantas las respuestas y todas tan dignas.
Horas más tarde, caí en que la más sencilla y espontánea sería “porque tengo unos días de vacaciones”, pero no sería real porque en su día no me fijé en la cláusula ésa de mi contrato que tiene que poner “esclavitud y sumisión total, festivos incluidos”. Podría haber dicho que lo mejón de estos días es “que las personas libres se pillan vacaciones”, pero desde cuándo me importa a mí el prójimo más allá de cuando a las cinco de la mañana digo “¿eh?, el prójimo bar”.
Por la que me hubiesen sacado en hombros, pero no se me ocurrió, hubiese sido la de “por la belleza de sus estampas”, pero mi mutación no es completa aún, se me olvidó el traje para el pregón. O buena la de “creo que por los dulces de cuaresma”, pero ni me gustan ni sé dónde los venden. O “me gusta por las tías en mantilla”, pero bien pensado hasta que no sean trikinis, paso. Y nos reiríamos un rato si le hubiese dicho a la rubia “que ya queda menos para feria, miarma” y le hubiese guiñado un ojo.
Hubiera resuelto fácil si en esos cinco segundos hubiese pensado “pues a mí me gusta porque no hay manera de entrar en mi casa y me tengo que refugiar en los bares” o “porque cuando termine, los pesaos de los tambores dejarán de ensayar aunque sólo sea dos meses” o “porque cuando termine, los inconscientes de los padres no encontrarán puestecitos para comprarles trompetitas a sus retoños”.
También me hubiese valido lo de “porque por fin puedo desempolvar mi tarjeta de prensa para hacerme hueco y darle alguna utilidad” y hubiese sido entrañable la de “porque el olor a incienso me recuerda a mi infancia cuando le quemábamos las colas a los gatos” y otra muy aceptable hubiera sido “por lo bien que huele la ciudad a pachuli de las señoras y varon dandy de los del cordón de oro”.
Pero no. En esos segundos interminables en blanco se te pueden pasar mil cosas por la cabeza. O tan solo una. ¿Qué por qué dije lo que dije? “¿Lo mejor de la Semana Santa? Pues… que Dios estará más contento, ¿no?. Todavía no me lo explico. No desayuné, son muchos días seguidos trabajando, el deporte me está dejando tonto, el chillío me dejó la cabeza como una peonza…, no entiendo qué dos neuronas se juntaron en ese momento y qué les habré hecho.
La chica no apartó el micrófono de mi boca como esperando que lo arreglase, pero se encontró con un gesto adusto del que no salió ni una sonrisa ni un llanto, amenazadoramente impertérrito. “Vale, gracias”, se marchó sin mirarme, ignoro si pensando “eah, pues un minuto de mi vida perdido…” o “si ya decía yo que éste con pinta de guiri…” o “la última vez que vengo a esta calle con la cantidad de frikis que pasan…” o “qué penita de chaval, con lo mono que es…”.
Pues chavala, te digo una cosa, la culpa es tuya por preguntar. Y suerte que te encontrastes conmigo y no con el tirano de los piragüistas, que te hubiera contestado “¡chai güer naich nen¡” y hubieras estado corriendo hasta el domingo de resurrección, que ésa sí me la sé porque es cuando termina la carrera, oficial.

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2 Respuestas a “Que viene, que viene

  1. Los vellos de punta tengo ahora mismo de pensar en la Semana Santa, y de cómo me dejan encerrada en mi casita del barrio de Triana… To lleno de gente vestida del CuCus Clam y señoritos con chaquetas de botones dorados al más puro estilo de marineritos¡¡¡¡¡… Quiero que pase yaaaaaaaaaaaa

  2. Antonia mejor que la tarjeta de prensa para pasar delante de la peña, cómprate unas bolsitas que hay que cuando las abres salta una musiquilla todo friki. Hy una de la Blanca Paloma, imagínate paseando toda la peña viendo esos pasos y tu abriendo la bolsita de la Blanca Paloma,… Juanjo tiene una de cuando estaba en Huelva y la abrió en la agencia y nos partimos el culo cuando la escuchamos.

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