A pie de bulla

“Ya están aquiiii”. Resuenan redobles de tambores en el horizonte. Tiemblan las ventanas del periódico, al que sólo he tardado en llegar una hora. No hay problema. Me pongo los cascos a toda mecha y a escribir. Si la entrada en mi particular estación de penitencia es complicada y la tarjeta de prensa la podría utilizar para rallar el queso, la salida para coger camino de mi zulo es un milagro. A todo eso hay que sumarle una cojera fruto de mi reciente pasión deportiva, que la gente me mirará y dirá “míralo al pobre cojito, que irá a pedirle a la virgen que lo ponga bueno”. Pues ni por esas me dejan hueco, y venga calle para arriba y venga para abajo con ganas de inmolarme contra cualquier esquina.
Recién estrenada mi sevillanía, me he impuesto leer todas las páginas de periódicos y ver casi todas las retransmisiones de televisión para que el próximo año no me coja desprevenío, que éste me ha venido de sopetón. Me veo chillándole al palio “viva la virgen del ansia, guapa, guapa y guapa” y todo el mundo aplaudiendo mi espontaneidad y yo “si es que, si es que”, con cara de “qué cosa más bonita” y una emosión, y chillo otra vez “viva la jeina de sssevilla” que aquí nadie sabe pronunciar las erre y otra tormenta de aplausos y yo “grasia, grasia, grasia”. Pero eso será el año que viene que aún soy un novato.
Mi referente tiene que ser mi amigo Eduardo, que se ha pasado toda la Madrugá de paso en paso y eran las doce de la mañana y todavía tenía a su mujer dando cabezás en una silla de plástico y aguantando petalás para ver por segunda vez la procesión cuando ha pasado por delante de mi calle. Sobre esa hora me he levantado y a paso de legañá me he ido a comprar el pan y los periódicos. Entonces ha sido cuando me he visto la entaponá y servidor sin desayunar y le he preguntado a este hombre, que dice llamarse Eduardo, que quién pasaba. Y me ha dicho “los jitano” y he pensado “coño, pues menos mal que sólo traigo suelto y he dejado la cartera arriba”. “¿Y queda mucho?”, le he preguntado porque desde mi perspectiva solo veía capirotes. “No te preocupes, todavía no ha pasado”. Eduardo esperaba que me alegrase, pero tenemos nociones diferentes sobre el tiempo en semana santa. He vuelto a subir a casa, he mirado fijamente al pan bimbo y me ha dicho “venga, estrénate, si yo no valgo pa tostás; lo ves, compras y subes, si a lo mejor van con camisa de flores y llevan puesto a Camela”.
He puesto el café y he bajado ilusionado. Cuando me ha visto mi amigo me ha dicho “queda poco” y me he quedado por allí, que ya había bajado tabaco. Cada vez que lo miraba me decía “ya está aquí, que ya está aquí” y yo miraba a lo lejos y nada más que cucuruchos. Entonces me ha venido una inspiración divina “ostias, el café” y he salido cojeando y cuando he subido sin aliento ya tengo plan para lo que queda de mañana, limpiar la cocina.
De repente, por mis ventanas ha entrado música, no flamenquito, sino de tambores, y he bajado a trompicones por las escaleras con dos cervezas en la mano, que el Eduardo estaba seco y no he bajado el jamón porque es imposible comprar pan en este barrio, y cuando he llegado a su altura me ha dicho con una lágrima en los ojos “macho, te lo has perdido” y me ha cogido de la mano y me ha llevado a primera fila para que por lo menos le viera por detrás. Tengo que reconocer, no sé si por contagio o qué sé, que me ha impresionado y me he quedado con ganas de verle la cara. No a la rubia que pasaba por delante, no, al cristo. Pero ya era tarde.
Lo de esperar a la virgen ya me parecía estar mucho tiempo para mi pie, me he despedido de mi amigo de la mañana que insistía en que “es la cosa más presiosa del mundo, no te puedes ir” y he subido a casa un poco triste. Un sms. “¿Vienes a ver pasos esta tarde y a tomar algo?”. Anda, si ya pensaba que se había acabado. “Por supuesto”. Yo y mi pie, nos vamos de bulla.

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Una respuesta a “A pie de bulla

  1. Como siempre, me ha encantado… sobre todo, el etiquetado, creo que es breve y sencillo y muchas más palabras tendrían cabida ;o)

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