Cadifornication

¿Caviar un día o arroz con pollo toda la semana?

La huida de mi calle es el mejor plan de fin de semana. Probablemente sea la vía más chica y estrecha de toda la ciudad, y más que calle es un atajo, pero sigue estando en obras desde que me instalé hace dos años. A mí me gusta llamarla la calle del desahogo, de los que se pasan con las cervecitas en los bares de al lado y de los perros, pero Zapatero le tiene puesta una chincheta verde en su mapa de obras anticrisis y no para de mandarme albañiles que, casualmente, es verme pasar, dejar el bocata y ponerse a currar. Se crearán que soy un infiltrado del presidente o simplemente lo hacen por dar por culo.
Así que ante un sábado de hormigonera de banda sonora y con el anuncio de que me voy a quedar sin agua corriente durante un par de días transmitida por el bando municipal de la vecina de enfrente, la idea de escaparme a capital city me parece una salida magnífica.
Pero pronto advertiré que la gracia gaditana, aquella que dio luz a la ciudad, está en desuso. En la taquilla de la estación del tren, primer encuentro fortuito con la especie autóctona. Faltan cinco minutos para que salga el tren y allí hay más gaditanos que en el Inem, previsores ellos. “¡Qué bastinazo¡”, exhala uno. “¡Como no lo coja me vai a poné un taxi por mis cohone”, recita otro a Pemán. Observo que los gadita no están tan relajados como acostumbran. ¿Qué está pasando?
De todos es conocido que por aquí han pegado más de un paraguazo a las cabezas y que el levantazo está haciendo estragos. Además no seré yo el que salga en defensa de la belleza gaditana y aunque haya un colega que, cada vez que digo eso, me recuerda que mi madre es gaditana. “Es que si decís que las gaditanas son feas, le estáis diciendo feas a vuestras madres ¿no?”. Pasando por alto la fina observación, observo que estos ingredientes mezclados no hacen prosperar las relaciones chico-chica. O lo que es lo mismo, ven a ligar a Cádiz y cuéntalo, podría ser el próximo eslogan del Ayuntamiento.
Pese a las quejas locales, la situación no es tan distinta de otros rincones. Como en todos sitios, hay parejas en la que ella está buena y él no vale un colín, lo que viene siendo en lenguaje coloquial “mucho arroz pa tan poco pollo”. Los musculito, como en todos sitios, no se acercan a las niñas monas de la barra, que han salido a pasearse y no a aguantar a los pollopera.
Y sobre todo, insisto en mi teoría de que las discotecas deberían estar prohibidas para los tíos mayores de 30, hay muchos que no se han atrevido a retirarse a tiempo y hay que echarles un cablecito. Ser un moscón pega a ciertas edades, pero a otras se ve claramente que están fuera de su habitat. Por mucho que lo intenten, esos bailes de antaño ya no pueden estar de moda, los cuerpos son sabios y tienen un límite de garrafón agotado a lo largo de la juventud. Hay que hacer campaña para una retirada en dignidad.
Un soltero me dice “no decían que a las tías les gustaban los tíos con más edad” y se sigue moviendo como una lombriz, revoloteando, y pienso que en su cabeza está sonando otra música distinta a la que están poniendo. (Para que comprobeis mi veracidad, poned en Google ‘puretas en discotecas’ y es la segunda que sale, Las Pérgolas, mira que habrá discotecas en España, pues sale ésta). Y hay otras teorías magníficas: “las casas de los solteros tienen que estar sucias, para que ellas se apiaden de ti y se pongan a recoger, si la encuentran limpias empiezan a hacerse preguntas y seguramente concluyan que, si lo tienes todo recogido, eres gay”. Y luego tienen la indecencia de cachondearse de mí cuando me recuerdan mi preferencia por la leche semidesnatada, que vale que muy varonil no es. No es que la entera me parezca ‘too heavy for my body’ que eso sí sería un poco berenjena, sino porque me parece fuerte. El whisky como el agua, pero la leche entera, uy, está fuerte. Y los solteros me miran como a un bicho raro, y eso que son de Cádiz y la tradición dice que, rudos, rudos, como que no.
Al final de la noche, los que han salido sin novia las llaman o las escriben, como diciendo “cariño, que ya me he cansado de hacerme el tiarrón, con lo bien que hubiera estado yo contigo viendo una peli y comiendo palomitas y no con la resaca que voy a tener mañana” mientras se alegran de que menos mal que se echaron novia en su día. Y los solteros defienden su estado civil como bandera, exponiendo que más vale caviar un día, aunque sea cada seis meses, que arroz con pollo todos los días. Y entre unos y otros la discoteca por fin cierra y yo melancólico echo de menos mi calle con todas sus hormigoneras, una detrás de la otra. Me hubiera dolido mucho menos la cabeza.

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Una respuesta a “Cadifornication

  1. Absolutamente genial, jejejej, que me he reído¡¡¡ Aishhh, Olepapa qué análisis me haces de ese mundo masculino de vez en cuando, me encanta y nosotras que pensamos que lo sabemos todo¡¡¡¡ jejejej

    Merchita

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