Pinta monas

Si hay una cosa que se me da mal, pero mal requetemal en esta vida, ésa es dibujar. Un auténtico desastre. Hacedme una prueba y cuando me veáis, pedidme que os dibuje un cosa simple, un perro por ejemplo. Cogeré el lápiz, extenderé el papel, frunciré las cejas, sacaré media lengua en gesto de destreza y allí que haré un círculo oblicuo para el cuerpo, otro más chico para la cabeza, dos aún más pequeños para las orejas y rayas para las patas. Para rematar, le pondré una línea de boca, dos puntos de ojos y triángulos de pezuñas.
A continuación, pedidme una oveja. Probablemente haré el mismo ritual de inicio y, al finalizar, la oveja sólo se diferenciará del perro en la longitud de las orejas. De hecho, a veces sólo son diferenciables en que a uno le pongo un bocadillo que pone “guau” y al otro uno que pone “beee”.
Y eso me pasa desde siempre. Ni para colorear era capaz de quedarme en la silueta, un auténtico muyahidín con un alpino en las manos. Si hubiera sido tía y me hubiera tenido que pintar la ralla del ojo, hoy me llamarían ‘la tuerta’.
Si en dibujo artístico soy todo un vanguardista minimalista incomprendido, en dibujo técnico mis padres no ganaban para din a-4. Sin el menor sentido de la perspectiva, llegué a pagarle a un compañero para que me hiciera las tareas. Era imposible que hiciera dos círculos iguales ni con compás, y siempre dejaba el folio lleno de manchurrones de tinta como si hubieran pelado a un calamar en lo alto. Menos mal que mi destino no fue ser delineante, viviríamos todos en rampa.
Todo esto viene porque, de lo que carecemos, es lo que ambicionamos, y hoy he mirado con envidia a Miki&Duarte, los humoristas gráficos del periódico que se han pasado por la redacción. Venían de Málaga a firmar ejemplares en la feria del libro y se han pasado a conocer a los inspiradores de sus viñetas. De nuestras noticias, ellos sacan sus chistes. Normal.
Lo primero que ha dicho uno de ellos cuando nos han visto fijos en el ordenador como zombies ha sido “qué, jugando al tetris ¿no?”, que así como frase de entrada simpaticota no queda mal y para eso tienen que dar ejemplo, que son humoristas. “Qué graciosillos, no sé yo a quien me recuerdan”, he pensado para mis adentros.
Luego me he levantado y les he dado la mano así como el que no quiere la cosa en mi papel de redactor de noticias serias y rigurosas, ocultando mi admiración por su trabajo, que debe ser una cosa como levantarse sobre las 10 o las 11, leerse los periódicos a ver qué se les ocurre, y dibujarlo en un trozo de papel no más ancho que dos posit juntos. Todo eso me lo imagino que lo hacen en pijama desde sus casas, escuchando músiquita y diciéndose a las dos de la tarde “eah, he terminado, me voy a casa; uy no, si ya estoy en ella”, sonreír y vestirse sólo si les apetece pan del día, mientras planean si por la tarde van a jugar al paddel, a tomar un café en una terraza o llamar a unos colegas para jugar al videojuego.
Y luego habrá quienes piensen que esa profesión es para pintamonas. Creo que los verdaderos monos, los han visto esta tarde cuando han visitado la redacción. Firmado: the last monkey de la empresa.

miki
mikiduarte

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