El traje (II)

“¿Qué, y qué te dijeron del traje?”

Al día siguiente de la boda, la temida pregunta de mi madre resonó en mi resacosa cabeza como un martillo pilón. Era difícil saber en cuál lado de la línea telefónica había más miedo. Pero la pregunta ya estaba formulada. Yo conocía que su intención no era la opinión de los demás sobre la vestimenta, sino sobre si ésta había sobrevivido. Un largo historial de excesos antecede a su vástago y ella ha ejercido de anegada remendadora oficial muchos domingos por la mañana, esperando a la tarde para, una vez yo despierto, conocer mi versión sobre tal o cual agujero, muchos de ellos de procedencia para mí desconocida u olvidada. Y eso que sólo hago hacerle caso a ella, que me dice eso de que en la calle hay muchos peligros y yo le digo que por eso me quedo en los bares hasta que se haga de día, que por las mañanas hay más seguridad.
En esta ocasión, 24 horas antes, había venido expresamente a vestirme. 140 kilómetros por ver una imagen inédita en nuestra historia compartida en los últimos 29 años. No eran aún las doce de la mañana cuando hizo uso de su copia de la llave, ésa que para mí suponía una pérdida de libertad, batalla perdida, y cuya posesión a ella le suponía una condición sin discusión para seguir ejerciendo su trabajo como madre. Una suerte de segunda parte del cordón umbilical: si ella me lo dejó utilizar en su día, ahora me tocaba a mí devolverle aquella muestra de confianza.
La estampa que se encontró era desoladora. La imagen de un hijo echando babas sobre la almohada como consecuencia de una noche de festival sin medida difiere en gran medida de aquellas ilusiones que pudo tener en el hospital la primera vez que le dieron a su polluelo. “Pero todavía estás así, no me lo puedo creer, pero cómo tienes el cuarto”, imagino que diría antes de empezar a zarandearme como un trapo y yo volver del sueño de la carpa de los dj´s, mi última imagen consciente de la noche anterior. “Pero mamáaahhhhhhhh”, último intento de cerrar los ojos. Creo que fue ella la que me metió en la ducha, ya no en sus brazos, como hiciera hace años, sino a golpe de chillíos cuasi militares. Cuando salí, deseaba que sobre la mesa de la salita hubiera un colacao y una palmerita… y, sí también, que ella hubiera desaparecido, pero allí estaba, con ceño fruncido, y el traje en la mano.
Ahora con el teléfono pegado en la oreja, y ella al otro lado, le podría haber contado el cuidado que tuve. Fue despacito para no sudar, apenas arrugué la chaqueta y el pantalón en el coche, evité todos los suelos de albero hasta llegar al hotel y escudriñé con sigilo durante el aperitivo a una señora con un mondadientes que iba entrando a matar a cualquier plato a menos de 50 metros y que resultó ser la madre de la novia, una auténtica banderillera que con su palito lo mismo pillaba lonchas de jamón que huevos de codorniz con salsas y que podría haber sido la causante de “mi mancha”.
Podía haber seguido el relato con mi escrupuloso comportamiento en la comida, que tampoco es que diera como para tirarnos pan unos a otros pero podría haber pasado, o que incluso botando con la orquesta sorprendentemente ni yo me derramé una copa en lo alto ni a nadie se le fue la mano. E incluso ir más allá y decirle que casi ni le eché cuenta a la hermana del novio para evitar hipotéticos roces y haberle expresado la teoría de que, en mi opinión, si has sido amigo de un hombre durante más de 24 horas, sus hermanas no serán nunca más objetivos tuyos, para el resto de tu vida, salvo que te cases con ellas.
Le hubiera dicho la verdad. Que me despedí de los novios y el traje estaba impoluto y así había llegado el final de la boda. Pero hubiera sido una verdad incompleta. Porque resultaba que después fui a un bar al que no sabría volver a llegar y por lo visto allí había unas velas, y no sé como lo hice para rozarme con todas las velas que allí había y algunas más que tuvieron seguro que reponer porque yo las llevaba todas en el traje, manchas de cera que no descubrí hasta que no me lo dijo un heavy del bar al que fui después yo solo a tomarme mi última y al que estaba molestando con el humo de mi puro que, previamente, se me había roto en el bolsillo de la chaqueta, y que cuando se me terminó, de la fatiga que me entró con el puro o a lo mejor de las 800 copas de ese día y el anterior me vino una fatiga que me hizo salir del bar corriendo hacia la primera esquina que ví y entonces allí utilicé la única parte que a esas horas quedaba impoluta, las mangas. Y que luego volví a a entrar, ahora sí, y por fin me puse la corbata en la frente y, ahora sí, volaban ríos de cerveza por el aire mientras me abrazaba a sudorosos melenudos.
Así que con el auricular en la mano, miré a un lado y allí estaba el traje hecho una bolita en una silla porque parece que cuando llegué no encontré una percha y a todo esto mi madre aún estaba esperando una respuesta. “El traje, dices, bien, bien, muy bonito dijo todo el mundo”, contesté buscando un seco en las páginas amarrillas y levantándome para echar, por dentro, el doble candado de la puerta.

Anuncios

3 Respuestas a “El traje (II)

  1. Si tiene algo que ver mi apodo con el comentario que voy a hacer prometo que es casual, y desde luego no es nada pícaro, más bien socarrón: eso de abrazar a sudorosos melenudos a altas horas de la noche no está nada bien. Corrígete, que aún estás a tiempo; creo.

  2. No sé qué pensará de todo esto Camps, el que paga los trajes en metálico con el dinero que le deja su mujer!!

  3. Me ha encantao esto de una segunda parte, si te consuela, no es el único traje que acaba así en una boda, todos van directos a la tintorería… aunque, bueno, lo de las velas es tela de original…me ha dao pena hasta a mí, imagino la cara de tu madre jejejejjeejje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s