Mira mi cacharrito

Leo que los complementos sexuales existen desde hace unos 2.500 años. Tanto tiempo después, su mención aún sigue provocando esa risilla floja de “jejeje qué jodío”. Dice el artículo que los antiguos egipcios y griegos ya usaban consoladores, al igual que los romanos. Por lo visto, estos últimos hacían velas semejantes a enormes penes y me imagino que en las instrucciones pondría “para bene placito, no usalo encentito”, lo que viene a traducirse “usalo apagaito, que te lo deja calentito”. Aunque di latín dos años, sólo me acuerdo de la frase que me enseñó mi profesor, la de “Bove ante, ab asino retro, a muliere undique caveto”, lo que viene siendo “Guárdate del buey por el frente, del burro por detrás, y de la mujer por to los laos”. Unos avanzados a sus tiempos estos romanos.
Volviendo al tema, antiguos manuscritos chinos explican cómo atar la base del pene con seda para mantener la erección (una versión primitiva de los anillos para el pene). Un cipote con lacito, ideal para una sorpresa de cumpleaños. Y otros juguetes más imaginativos como el erizo chino, un círculo de finas plumas unidas a un anillo de plata que encajaba sobre el mandao. Para que no pase frío en el cuello, así disfrazaíto de David Bowie en su época Glam.

Penis day in Japan (15 marzo)

¿Queda mono o no el lacito?


Sigo leyendo y compruebo que la mayoría de los cacharros están ideados para las mujeres, uso individual o en pareja. Nosotros con la play tenemos bastante por lo visto. Los más conocidos son los vibradores, versión moderna del antiguo pollón de cera, y que ahora se mueven, tiene múltiples formas, giran y hasta dan besitos de buenas noches. El día que uno de éstos aparque en linea, los hombres tenemos los días contados.
Existen también los aceites, no el de freir huevos, sino unos de olores (y sabores) que en una situación normal te pillas un cabreo de mil demonios porque te dejan las sábanas perdías pero que en este caso así haya que poner lavadoras para tres juegos. Masajeadores, que en apariencia son objetos normales, pero que incluso pueden utilizarse como consoladores, salvo si los ha diseñado Mariscal, o las bolas chinas, que es como lo que llevan los canis en el cuello y que a más de una jefa que he tenido le hubiera venido de perlas. Y las esposas, ese clásico, no prescrita para ciudades como Sevilla, que te despistas, te vas de vacaciones en verano y te dejas en casa un mes a uno/a amarrao y con el aire off.
De todos los que he leído el que más me gusta es el yogur, que lo extiendes sobre la pareja y a comer, siempre que no sea de frutas del bosque, que no me fío de la procedencia de los trocitos morados, “¿de qué bosque es esto?”, o de muesli, que me recuerda a lo que ponía de comer al canario. Y los espejos, buah, esa fantasía de poner uno en el techo. Si alguien tiene uno, que avise, que yo no lo pongo porque no sabría qué decirle a mi madre cuando viene a ver el piso. “Sí mamá, es lo que piensas, lo he puesto para ver cómo me queda el pijama cuando me despierto”.
Y voy a dejarlo ya que me están entrando unos calores… El peluche me está empezando a mirar con ojitos tontos y de juguetes solo puedo sacarle el monopoly. Jejeje, una risita floja que me está entrando.


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Una respuesta a “Mira mi cacharrito

  1. Fuentes: peluche, yogur, esposas, vibradores…. . Y me decías que no eras muy heavy. !Menos mal!.

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