Olepapa (La precuela)

Hoy me han recordado aquellos días en los que se gestó este blog. Aquel de la campaña electoral con el que perdí la virginidad bloguera estaba clausurado y me animaban desde distintos frentes a iniciar uno personal que continuase aquella senda. Durante semanas, y siempre sabiamente guiado, le fui dando forma a la criatura mientras para entretenerme me ponía fino a pipas, de las buenas, de ésas que de repente te encuentras una almendra, no de ésas baratas que sólo llevan palos, ¿y a que viene esto?, pues a que la memoria es selectiva y es de lo que me acuerdo, hace ya más de un año.
Por aquellos entonces era un embrión de periodista político y la intención inicial era un espacio de cuestiones políticas aderezado con humor, en la línea del primero. El material que me proporcionaban nuestros políticos no me daba para chiste diario y al tiempo me aburrí. Hace meses que no sale uno. Luego los derroteros me llevaron hacia una racha reflexiva, más sentimental, que descarté el día en que andaba escribiendo una relación desamorosa y a la pregunta de “¿y esto cuando deja de doler?” contestaba “Si tienes suerte, nunca”. Era bonito, y triste. Subrayé todo el texto, lo copié en una carpeta que crece en otro rincón y algún día puede que se aireen.
Hasta el día de hoy, y a excepción de políticos y amor (¿cómo pueden estar cerca estas dos palabras?), cualquier otro tema que me provoque curiosidad tiene cabida, siempre claro está, teniendo en cuenta mis aficiones preferidas (las barras de los bares y meterme con los miarmas compiten duramente por el primer puesto) y mis personas más queridas, familia y amigos. Pero sobre todo, reflejar ese día a día que te encuentras en la calle, esas personas que se mueven, hablan y sienten sin guión, y los acertijos sociológicos de este mundo que intento descifrar son los que despiertan a los dos deditos con los que golpeó compulsivamente el teclado (nunca fui a clases de mecanografía, pensaba que no me iba a hacer falta porque iba a ser astronauta) y los que me provocan los bostezos al día siguiente por la falta de sueño.
Esfuerzo recompensado, cuando al día siguiente siento que hay alguien al otro lado, ese feed back con un lector casi nulo en la redacción de noticias para un periódico. Por ello debo darle gracias al olepapa, aunque haya pensado cargarmelo más de una vez o la haya abandonado durante días.
Quizá deba sólo mantenerlo por lo que le intenté hacer antes incluso de que naciera. No es que su nombre entusiasmase a quienes lo escucharon la primera vez. “¿El quéeee?”. “Olepapa”. “Ahnnn”. Mi posición tenía que ser firme, de lo contrario, nunca hubiese encontrado un nombre.
Porque lo que sólo conocen un escaso número de personas es cómo tenía pensado bautizar a este engendro, precisamente lo que hoy me han recordado. Reproduzco a continuación literalmente la primera propuesta para el blog, remitida a un amigo que me ayudó en estos primeros pasos.

Hola Luis. Creo que lo tengo, dime a ver que te parece. Tachán, tachán, el blog quiero que se llame Elmo en San Telmo. Te explico:

 

Elmo es un muñeco de Barrio Sésamo que esta siempre descojonao y que enseña a los niños. Y San Telmo, pues la sede de la Junta. Utilizaría al muñeco, con el que guardo un notable parecido físico, de alter ego, para contar la actualidad política y sus impresiones. La cabecera sería el muñeco (si no hay que pedirle permiso a la Disney, sus muertos o a quien lleve eso) y detrás la fachada de San Telmo. Eso de cabecera, pero claro, ahí me surge una duda, porque no me voy a hinchar a currar yo y el éxito se lo va a llevar el pelanas éste. Así que he pensado que en algún sitio, en un enlace o así, salga una foto mía. Se me ha ocurrío salir en la cama acostado semi desnudo poniéndole los cuernos con Pelocho, el muñeco del 11888, que tengo uno por casa. Creo que es un gran recurso si alguno de los joly (mi empresa) lo descubre algún día. Les digo que es el muñeco quien escribe, que a mí qué me cuentan. En fin, dime si desvarío mucho y le doy vueltas a otra cosa o si es factible hacerlo así. Un abrazo”.

Mi amigo no quiso contestarme por e-mail y a primera hora de la mañana me llamó, imagino para comprobar si ya se me había pasado la enajenación mental transitoria. Releyendo esto, me pregunto qué futuro le hubiera deparado a ese blog y, sobre todo, cómo hubiera reaccionado el presidente de mi empresa si alguna vez me hubiera llamado a su despacho preguntándome qué coño era esto con una foto mía en la cama semidesnudo con un peluche y yo le hubiera dicho que a mí qué me contaba, que sería un robado y que si tenía que echarle la bronca a alguien que llamase al muñeco.
En fin, termino con un video, sobre lo que fue el original de una historia que no prosperó, como mi primera idea de blog. Pensaron en otra música y tuvo más éxito. Sé que no lo vais a ver, según veo en las estadísticas, pero así es el olepapa: noticias, anécdotas y rock. Por vosotros.

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Una respuesta a “Olepapa (La precuela)

  1. Me alegro mucho de que no te hayas cargado el Olepapa, es la mejor forma de seguir sabiendo de ti. Un beso fuerte
    P.D.: qué grandes Camela

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