El Rey de las cosas redondas

Hoy he resuelto una duda que llevaba muchísimo tiempo rondándome. Entiendo que el ser humano naciera en África, vale, allí hay un montón de monos y de ellos venimos. Y que luego se trasladasen a Mesopotamia, porque a mí también me atrae el nombre y a esos sitios hay que ir, y que fueran rumbo luego a Europa, que está bien, y que llegasen hasta Cádiz, ole, cogieran un barco y fueran a América que también tiene unas playas del carajo. Hasta ahí todo el proceso me resulta comprensible y así colonizando este redondo planeta. Pero siempre me he preguntado: ¿Qué coño vieron los esquimales para quedarse allí?
Cuando venía de vuelta del Parlamento a las 14:00 y estaba chorreando en sudor, lo he comprendido: éstos fijo pasaron por aquí y cuando llegaron a la Antártida se dijeron, “sin duda, tío, aquí nos quedamos, ¿te acuerdas de cuando pasamos por Sevilla?”.
Entonces montaron un iglú. Y me entretengo imaginándome en uno. Caigo en la cuenta de que me hacen falta ventanas, pero cuidado con poner una redonda en el techo, me llenarían la salita de botellas reciclables. Siguiendo los desvaríos de mi mente, pienso en cosas redondas. Las que me gustan y las que no.
Antes de casa, me toca el super. Tomates para un gazpacho fresquito, me decanto por la sandía más que por el melón. Aún me sorprende ver naranjas tiradas por la calle. Las evito para no resbalarme y hacerme un chichón. De postre, me gustan los lacasitos, pero no en verano que me pringo las manos. Y donuts, una día redondo. Meto la mano en el bolsillo y saco monedas, aquí prefiero más el papel.
Salgo y me gustan las cosas redondas que resaltan bajo las camisetas, no las planas. En los pantalones, formas redondas claro. Creo que soy más de botones que de cremalleras. Los lóbulos de las orejas me fascinan, en la intimidad y que me miren unos ojazos redondos. Salvo si lleva pendientes de bolita, ni grande ni chica, nunca me he fiado de las que llevan pendientes de bolita.
Llego a casa y necesito otra ducha. Me dejo llevar como si volviera a un jacuzzi, donde hago pompas de jabón. Salgo, pongo un cd y preparo tortellinis, que echo en un plato, redondo claro, que esto lleva salsa, de tomate. Me siento en mi redonda mesa y me digo que está muy bueno, me merezco una medalla. Mañana, tortilla. En la tele ponen deportes. Me gustan los esféricos.
Recojo y voy de camino al curro. Lleno de pelotas, de los que no me gustan. Como hace semanas que sólo escribo de los cero que le van a poner al nuevo sistema de financiación, me aburro, juego con las anillas del cuaderno, que éstas sí me gustan a diferencia de los anillos, y dejo pasar las horas del reloj. Cuando el sol, redondo y que me está haciendo desvariar, deja paso a la luna, llena, vuelvo a la calle y entonces me dejo llevar hasta caer, otra vez, en redondo. “En vaso ancho, por favor”, que no de tubo, “y con mucho hielo”. Fresquito, la rueda está otra vez donde empezó.. Aunque llevo 39 y me falta uno para redondear el ciclo. ¡Ya está¡. Y Punto.

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3 Respuestas a “El Rey de las cosas redondas

  1. Muy ingenioso y extremadamente bien hecho. Enhorabuena Antonio, nunca dejas de sorprenderme!! Un besote

  2. Empezaste en África, seguiste con los esquimales, pasando por los lóbulos, y terminaste pidiendo en vaso ancho. Tú si que sabes.

  3. Para redondas, las pelotas de fútbol, aunque sean las del Cai. Te ha faltao el julajop!!

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