Primus Segundus

Una de las consecuencias de pertenecer a una familia extensa es la cantidad de primos y primas que te rodean. Hay que hacer hasta diferencias. Los primos primeros son más los de tu sangre, esos que un día te pueden poner en el compromiso de pedirte que les dones un riñón porque perteneces a “la familia” y tú debes al menos pararte a pensarlo cinco segundos antes de salir corriendo, y los primos segundos, al que ni siquiera hace falta responderle y puedes salir corriendo directamente. Total, para lo que os veis.
Creo que tengo como unos ciento cincuenta primos segundos, porque cada vez que voy al pueblo me sale uno nuevo, pero de todos, mis preferidos son los mellizos, aquellos con los que jugaba de pequeño. El principal problema es la falta de coordinación que tenemos: por mi parte, yo les achaco la manía que le han cogido a mi propuesta de bordarse los nombres en las camisetas y, por la de ellos, cuestionan la temeridad de su primo de intentar siempre acertar quién es el uno y quién el otro para quedar bien. Me gusta la competición, es cierto, y si fallo, tampoco pierdo gran cosa. “No, ése es mi hermano”, es lo único que encontraré de respuesta si no estoy atinado. Pero, de lo contrario, si acierto, tengo bonus extra, una vida más para seguir preguntando.
Cuando doy más de cinco seguidas, me retiro victorioso porque he demostrado ante la audiencia que conozco a mi familia al dedillo aunque los vea poco, tomase que ver. Me sorprende sin embargo que a ellos el juego se las traiga al pairo, ni me felicitan ni nada por los aciertos, y aseguro que es muy difícil diferenciarlos.
Esta vez, mi sagacidad se enfrenta a una dura prueba. Uno de ellos se casa y las novias, que otras veces han ayudado en mis aciertos, están en la barra charlando y no donde deberían estar para que yo recién llegado supiera diferenciar a mis primos. Mira que las dejé avisadas, que si me ven, corran y cojan de la mano al suyo, pero nada, charla que te charla.
Comencemos, sin titubeos. Eligo a uno y… “qué pasa primo, oye, que enhorabuena, que ya sabes que no puedo ir, que me toca currar y eso”, suelto muy seguro de mí mismo y a segundos de que se me caiga la cara al suelo si me dice “no, ése es mi hermano”. Segundos de expectación y… ¡acierto¡. Bien, eres bueno, tío, puedes seguir jugando.
Vamos a por una fácil. El que se casa, recuerda que fuiste a verlo al hospital cuando casi se mata con la moto. “Quillo, primo, ¿cómo estás de lo tuyo?”, le miro así a la zona donde tuvieron que operarle, adornándome. Y… ¡segundo acierto, buena memoria chico¡
Continuemos. Siempre me llamó la atención que uno era más serio y el otro más fiestero, así que vamos a dar vuelta de tirabuzón y medio y a caer en la piscina sin ni siquiera derramar agua para fuera. dejo a mi primo casamentero y voy a por el otro. “Quillo, te veo muy serio hoy, ¿has estado currando o qué?” y dice que… está de resaca del día anterior. ¡Tres de tres¡
El rizo ya sería que acertase los nombres, pero ésa la dejo para la quinta y última y que me saquen a hombros del bar. Toca la hora de enlazar a las novias y la de uno de ellos, cómo no, casualmente es mi prima por la otra parte de la familia. Miro a los dos, analizo, elijo y… “primo, ¿cómo está mi prima?”. “Bien, ahí en la barra está hablando con la novia de mi hermano”. ¡Toma¡ ¡Estás en la ronda final¡
A punto de récord absoluto en el juego de las diferencias entre primos mellizos, sopeso la pregunta de los nombres. Ante la cercanía del éxito o del fracaso, me asaltan las dudas y en un momento de inspiración, decido dar un giro radical a la historia y me decanto por otra pregunta, la última. “Esto…¿un cubatita, primo?”. Uno bebe y el otro no, y mi trabajo me ha costado más de una vez cuando he ido a pedir, he dejado a la vuelta el vaso encima de la mesa y a las horas de irnos me daba cuenta de que el cubata estaba allí intacto. ¡Mierda, otra vez se lo he puesto al sobrio¡
Aunque ahora la pregunta pueda parecer fácil de plantear (cualquiera que haya prestado un mínimo de atención enlazará que el que bebe es el que me ha dicho que está de resaca), en el último momento me doy la vuelta y vuelvo al primo con el que hablé primero. Si esto fuera un concurso de la tele, tendría ahora mismo al público chillándome “nooo, nooo, al otro”, echándose las manos a la cabeza por mi despiste. Pero la decisión está tomada. “Que va quillo, yo no he bebido en mi vida”, responde como me esperaba. “Bueno, pues invítame, que para eso te casas, ¿no?”. Me he quedado a una, pero a pesar de mi extrema competitividad, no me importa mientras sorbo de un vaso fresquito.
¡Bien jugado¡

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Una respuesta a “Primus Segundus

  1. Vaya tronco, aquí no has triunfado. No te ha escrito nadie más que yo.

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