Mi primo Mickey Rourke

niñas

Dicen que cuando en New York City son las tres de la tarde, en Europa son las nueve de la noche, pero de diez años antes. Lo leí en un libro y lo viví in the world´s greatest city.

Pronto me lo vaticinó a la llegada el policía que se encargaría de autorizar mi entrada en los States. Rebosando en su asiento, aquella mole rapada se hacía llamar agente Mocks, leí en su ficha. “What´s next?”, chillaba al aire mientras en la cola el recién llegado europeo no se enteraba de que “lo siguiente” era él. “Hi, do you speak spanish?”,  recité de memoria en el mostrador cuando me orienté. “No”, contestó él. Poco más tenía que decir yo en mi favor, así que me limité a balbucear respuestas a lo que entendía de sus preguntas. Primera constatación de que van por delante: saben mucho mejor inglés que nosotros.      
Pasados los días, la ciudad haría de mí un auténtico newyorker, capaz de pasar de Manhattan a Brooklyn, Queens o Williamburgs sin mapa, aunque siempre, seña de identidad,  con unos pasos de más para adelante o detrás buscando una calle o un bar. He de reconocerlo, la orientación no es uno de mis puntos fuertes. No obstante, con los años he afinado una técnica casi perfecta: si estoy convencido, pero al cien por cien, de que el camino a tomar es por ejemplo hacia la izquierda y cuando más miro, más seguro estoy porque sin duda tiene que ser por ahí, dirijo mis pasos a la derecha. No hay margen de error. Cuando repartieron los sentidos, el día de la orientación me pilló en casa de resaca.
En NYC, diez años por delante, han puesto remedio a los problemas de newyorkers como yo. Parece que los blacksberrys los regalan con los paquetes de cereales. Con una rápida consulta evitas una parada en el Bronx o similar y la temeraria aventura de sacar un mapa a vista de todos los presentes descifrando tu DNI de turista mientras las flechas de neón te señalan como objetivo deseablemente atracable. A pesar de que mi intuición me hacía pensar que, más tarde o más temprano, mis dolares engrosarían la billetera de algún aprendiz de rapero, salí indemne de la que ahora considero la ciudad más segura del mundo. Por más que se los puse a tiro, sólo se dirigían para ayudarnos y decir Enjoy¡
Olerían que estaban ante un inminente proyecto de newyorker, más aún cuando descubrí a Kenneth Cole. ¿Qué quién es ese?, se preguntarán los poco avezados. Digamos que Kenneth Cole es más que un diseñador neoyorkino, Kenneth Cole es un estilo de vida. Con una chaqueta Kenneth Cole, como las dos que me llevé, se derriten hasta las aceras. Pisar la calle con unos zapatos Kenneth Cole, en los que gasté hasta mi último dólar, es una profanación, esos zapatos están reservados para suelos no terrenales. Ni siquiera en el Soho, barrio de la gente guapa, pueden pasar inadvertidos.
Y aunque este refinado y exquisito gusto por la moda pueda hacer pensar lo contrario, mi acera sigue siendo la misma en lo que se refiere a otro tipo de orientación. Y eso que cuesta acostumbrarse a que a todas horas te estén llamando g-a-i (pronunciación de guy, muchacho). “Hei, gais, que no se puede ser más gais”, me encantaba saludar por las mañanas.
El que tiene que mirar siempre para atrás cada vez que alguien llama a alguien en Nueva York tiene que ser el talludito de mi primo Mickey Rourke. Tiene la orientación confusa, como yo, pero no en el mismo sentido. Con todas las primas que hay en NYC, de todos los colores y apetecibles sabores, mi primo Mickey se dispersa al elegir camino. Lejos queda aquel seductor al que la Bassinger llamaba “cenicero humano” en Nueve semanas y media, antes de afanarse en apagar su colilla. O el motero indomable o el salvaje luchador de wrestling.one way
Con su gorro de cowboy, sus pantalones ceñidos en los que podría contarse cuántos cuartos de dólar llevaba y su camiseta sin mangas, Mickey y su cara de chicle boomerang a medio terminar resbalaba por las aceras sin necesidad de patines. Éramos tres: el padre de Julio Iglesias, Mickey Rourke y yo. Me he quedado solo. Se lo traté de advertir cuando le vimos paseando por el Soho: Mickey, que yo de esto sí que entiendo, one way, guy, only one way.

 Mañana, parte II de Diario de un newyorker. (Complicaciones en el capítulo de fotos: son casi todas en vertical para pillar edificios altos y se me salen de la pantalla)

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Una respuesta a “Mi primo Mickey Rourke

  1. Qué te gusta hacerte de rogar…

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