Everybody comes to Rick`s (salvo nosotros)

Hay veces, no muchas, que temes un día complicado, con salida a las seis de la mañana y, al final, se queda en nada. Porque si te toca una espera de más de tres horas hasta que te devuelvan al hotel de origen, más vale aprovecharlas. En esas horas muertas en Casablanca, lo mejor es ir a tomar café. Todo el mundo va al café de Rick, es el título original de la película. Y nos hemos puestos ciegos ante el aburrimiento que a ver quien nos duerme, pero hemos visto la ciudad lo mismo que los protagonistas del film, que se rodó en estudio salvo las escenas del aeropuerto. Como nosotros.
Porque la cita, una jornada comercial entre empresarios de ambas orillas, era en un macrocomplejo que estaba en la quinta puñeta de donde estarán los sitios visitables. Así que si me preguntan si he estado en Casablanca, diré que sí, pero que no pregunten más. Al estilo de Humphrey Bogart, que tampoco la visitó, dicen, aunque su imagen siempre quedara pegada a la ciudad.
El personaje de Bogart, Rick, debe elegir entre el amor y la virtud. Su dilema es ayudar a la pibita o no a escapar de Casablanca junto a su esposo, uno de los líderes de la resistencia, para que éste pueda continuar su lucha contra los nazis.
Mi dilema era diferente. Al menos hoy. Entre vender la enésima moto o tirar por escribir lo que me diera la gana sobre un encuentro donde todo es, en los discursos, maravilloso. Pero si les preguntas a los empresarios marroquíes, no se fían de los españoles y las fórmulas de “colaboración mixta”. Me van a tener que sacar del país vestido de morita.
Me reservo otras extrañas costumbres del lugar. La de pedir 8.000 euros al camión español que traía los carteles promocionales del evento, o el empresario marroquí que se descalzó en los aseos y se lavó allí los pies, sin complejos. O las extrañas relaciones con los medios, no sólo marroquíes. Una nueva fórmula del habla de mí aunque sea mal: No me critiques ni me adules, pero sácame. No sé que me pasa cuando veo a un empresario, pero se me afilan los colmillos. Como a ellos cuando cuadran cuentas y diseñan los despidos, pero no les falta dinero si se trata de rumbosos viajes y comitivas. Sólo que ellos, por mucho café que tomen, consiguen dormir tranquilos por la noche. Pero a mí hoy no me acuesta ni el tato.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s