El último superviviente

A las 12.25 ya estoy sentado con mi cuaderno delante de la tele para tomar apuntes. Nunca se sabe si cualquier día te hallarás en medio de una selva tropical o de un desierto de arena y ahora qué, cómo carajo se sale. Mi madre se piensa que me ha salido una afición repentina por la cocina y que estoy cogiendo recetas, pero al ver la primera rata salta de un brinco del sofá y pregunta desde el pasillo “pero niño, ¿eso que es?” “Supervivencia, mamá, supervivencia”.
Será mi frustrada experiencia como boy scout salesiano en la que nada más que hacíamos cantar chorradas la que ahora me lleva de nuevo a interesarme por la vida salvaje. Y este programa de Cuatro se sale. Al tío lo dejan a saber dónde y que se busque la vida, con poco más que una navaja suiza y sin letreros de señalización.
Con el pavo éste he aprendido cosas importantes. Por ejemplo. Vale que en mi casa no hago la cama salvo cuando hay que cambiar las sábanas o, si están muy arremetías, antes de dormir. Pero si un día se me hace de noche en un paraje tropical, cojo cuatro palos, unas lianas y las hojas de una palmera y me hago un jergón que ni en Ikea. E importante: siempre a un metro del suelo para evitar los insectos y las serpientes. Y otra cosa: que no se te ocurra dejar una mano fuera porque cuenta la leyenda de la selva que un día uno se despertó con una boa constrictor que le llegaba al hombro. Así que todas las noches al dormir las manitas en la entrepierna, y mato dos pájaros de un tiro poniendo a salvo lo importante.
El programa de los bichos, como le llama mi madre, no sólo me ha enseñado a construir una balsa, a saber que si me meto en el fango lo mejor es no moverse para evitar hundirse (¿qué me hago un sudoku, pichita?) o a no ponerme en la cara una ortiga bicaria. Lo que me apasiona es que se puede comer de to, con lo mijita que yo soy. De moluscos, quitándole los intestinos, se comen crudos. Las arañas, pa dentro también. La boa de antes, el tío la cogió, le quitó la cabeza, la llevó un rato de bufanda y por la noche se la zampó sin mahonesa ni ná. Y cuando se vuelve loco es cuando ve a un ave de caza, que ahí me animo yo también porque se me vuelve a abrir el apetito. Hay que ser sigiloso y silencioso porque las aves corren y yo me extrapolo y me veo en el Carrefur con el taparrabos puesto dirigiéndome con cautela hacia el pollo empanao que viene ya envasado, que es lo más que en mi vida rutinaria, aventuro, voy a estar cerca de una experiencia así.
Todo siempre que esto no esté preparado. Porque si alguna vez me meto en la boca, por lo que sea, una tarántula pajarera gigante siguiendo el consejo del tío éste de que da mucha energía, espero que esto sea real y no diga cuando está a punto de coméserla “¡Corten, traedme el bocadillo de tortilla que esto no hay quien se lo meta en la boca¡”
Me sospecho que algo de producción existe, porque al nota se le ve siempre agobiao y el que tiene que pasarlo mal es el pavo que le acompaña con la cámara y que tiene que ser el tío que se pincha con tos los cactus, al que se le meten los escorpiones por las botas y el que se queda bajo la catarata cuando el pavo éste se quita de en medio subiendo por la liana.
Pero yo me quedo tan a gusto sabiendo que si un día me apetece agua al ir de camino al curro, no hace falta que entre en un bar. Me trepo el primer árbol que vea, subo hacia las hojas más húmedas de arriba, cojo un puñado y las machaco hasta que salgan tres gotitas que me sacien. Un euro que me ahorro. Lo malo es cómo llegaría mi camisa recien planchá, que es lo mismo que resuelve mi pragmática y poco aventurera madre cuando me ve viendo el programa.
Ella entiende lo justo de tácticas de supervivencia y le da igual lo que coma o deje de comer, de dónde consiga el agua o dónde y con qué víbora pase la noche, pero ahora, si se me mancho la ropa como el tío de la tele, por su casa que no pase. Si pongo un pie allí, no salgo vivo.

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Una respuesta a “El último superviviente

  1. Habla algún día de cómo ser del Real Madrid en una ciudad donde los chavales siempre que van salen vapuleados (y encima tener un amigo que sea del Barça… y pronador, o algo así).

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