Asesino en serie

De un tiempo a esta parte, la gente no me aguanta la mirada. Cuando digo la gente me refiero a los que pasan por la calle y cuando me refiero a los que pasan, lo que quiero decir es las que pasan. Las que pasan, pasan. El pulso de vista debería ser deporte olímpico, en mi opinión. Vas por la acera, estás a punto de cruzarte con alguien a quien no conoces ni probablemente nunca conocerás, tus ojos se dirigen a los suyos, la otra persona mantiene la mirada y si los dos sois buenos rivales, sin timidez, la secuencia termina a la altura de los hombros. Adiós. Un maestro se diferencia si, en el instante final, acompaña la jugada con una sonrisa. Chapeu¡ Son unos segundos a guardar en la memoria, con suerte, minutos.
Por eso últimamente me aburro tanto en mis caminatas, me quedo sin miradas y sin competición. ¿Qué vislumbran en mi persona? ¿Tendré un halo chungo? ¿Se adivinará en la sombra de la figura que se les aproxima el rostro mismo de la maldad concebida en varón? No lo entiendo, aunque en los últimos tiempos he notado en mí mismo una transformación, miro distinto, de otra forma, tengo ganas de darle un merecido a más de uno que está comprando todas las papeletas y no va a hacer falta ni rifa, y eso quizá se me intuya.
Así que me dispongo a encontrar una respuesta fácil a mis sospechas y lo más lógico me parece hacer el test: ¿te has convertido en un asesino en serie? para hallar el sentido a mi espontáneo furor de los últimos días, que ando más cabreado que un mono sin cacahuetes y a punto de la masacre global.
¿En qué piensas ahora mismo?, es la primera pregunta. En clavarle algo al que ha decidido que ésta sea la primera pregunta, relleno. Sigue. ¿Qué nombre te gustaría que te pusieran los periodistas? Hostia, pues molan el carnicero de Rostov o el monstruo de Kentucky, pero ya están cogíos, así que pienso en algo más cercano como Antoñito el desfibrilador, la Fuente Asesina, la Bestia Colorá o El Machote de la Macheta, pero ninguno me convence.
Mi terapia continúa en una página de un eminente científico americano, que dice que lea este caso detenidamente, intente encontrar una respuesta a la pregunta, y después mire el resultado al final. Probemos.

Una mujer, mientras asistía al funeral de su madre, se fijó en un hombre que no conocía. Pensó que ése era el hombre de su vida, tanto que se enamoró de él en aquel momento, pero no le pidió ni el nombre ni el teléfono y ya no pudo verlo de nuevo. Unos días más tarde esta mujer mató a su hermana.
PREGUNTA: ¿por qué la mató? (piensa un poco antes de responder). Cuando creas tener una respuesta sigue leyendo.
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^^^^^^ (Sigue pensando)
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^^^^^^ (ya falta menos)
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^^^^^^ (si te aburres Internet es un mundo lleno de posibilidades)
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^^^^^^ (vale)

RESPUESTA: Esperaba que el hombre apareciera de nuevo en el funeral de su hermana.

Si has respondido correctamente, piensas como un psicópata. Por lo visto, muchos asesinos en serie detenidos han participado en la prueba y han respondido correctamente.

Mierda, yo pensaba que la loba estaba desequilibrada porque nadie la miraba por la calle y se cargó a la hermana porque sospechaba que el maromo le estaba haciendo ojitos a ella. Por una parte me alegra no ser un asesino en serie, que tiene que ser muy cansao eso de levantarse por la mañana a buscar un afilador de cuchillos, pero por la otra, si tengo el instinto asesino a la altura del calcetín, sigo sin hallar una respuesta a mis desencuentros callejeros. Por cierto, si alguien ha acertado el test, espero no coincidir contigo en un ascensor durante un corte de luz. Pero si pasa, ¡ten la decencia de mirarme a los ojos cuando me estés acuchillando¡

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Una respuesta a “Asesino en serie

  1. Hasta hace relativamente poco pensaba que era la única que realizaba ese tipo de juego cada vez que salía a la calle. Me fascina observar lentamente que tipo de laguna se esconde entre las miradas de las personas, que a diario nos cruzamos. Desconcierta pensar que detrás del elemento ocular existen miles de historias, anécdotas y problemas, que probablemente nunca llegaremos a conocer, nunca seremos partícipes de dicha vida, sin embargo tenemos que aceptar que es parte del rol que nos rodea. Una estructura que a veces se hace infumable con el paso del tiempo… Pocas personas aceptan el reto de aguantar una mirada, quizás porque más de una puede llegar a intimidar… Nunca se sabe Toni.

    Me ha encantado el texto y ahhh no soy una psicópata, pues no acerté el resultado 😉 besos

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