La chica que nunca se lo propuso

Se casa, es definitivo, mi primera novia seria. Por consiguiente, mi primera ex se casa.

En la vida de todo ser humano hay una primera vez para muchas cosas. Y casi todas las que recordamos años después suelen ser.., sí, de ésas, las que recordamos. No recuerdo la primera vez que metí un gol o una canasta, aprobé un examen o me tuvieron que echar puntos en la cabeza. De otras tengo mejor memoria. Y muchas de las primeras veces las compartí con una persona, ella, que en su momento decidió que sus próximas miles de nuevas primeras veces no iban a ser conmigo en adelante.
En realidad, remontándonos a los últimos acontecimientos del desenlace final, no llegamos a romper. Ninguno se atrevió. En realidad tampoco nos pedimos de salir, que se llamaba entonces, así que aquellos tres o cuatro años (para esto no tengo memoria) de vivencias compartidas fueron de amantes. Nos llamaban novios, pero ella prefería que nos llamaran amigos. Cogidos de la mano por la calle como amigos.
Con contrato, claro. Si tenía que salir en alguna foto besándome con alguien, tenía que ser contigo. Si tenía que soñar con alguien, tenía que ser contigo. Y si escribía con sentimiento a alguien, tenía que ser sobre ti. Acepté. Lo que nunca me convenció y es un clásico de las relaciones sentimentales semi abiertas o semi cerradas es la negociación sobre el famoso trío, fantasía sexual elevada al más alto nivel de las pretensiones vitales masculinas. ¿Un libro, un árbol y un trío? Fuiste la primera y luego llegaron otras, pero el discurso fue el mismo: “Yo estoy dispuesta a hacer un trío”. “Ah, vale (pues mira que esto va a ser verdad, pienso, so iluso)”. “Pero tienen que ser dos tíos y yo”. Vamos a ver, eso no es un trío en la acepción varonil de la palabra, arpía.
A veces no te llamé por tu nombre, de hecho casi nunca, pero jamás utilicé tu sobrenombre con otras. Y es cierto, muchas veces te amenacé con que si perdías ese culo te dejaría, porque te decía que sólo eras orejas y culo. Probablemente, eras mucho más. Y puede que mi teoría que tanto te atormentó de que a partir de los 22 las tías entráis en declive no estuviera del todo fundamentada.

Tú tampoco dijiste toda la verdad. Decías que nunca te casarías.

Después de tanto tiempo prefiero quedarme con las borracheras y las resacas, con las canciones con ron que te mencionaban y con las otras con tu nombre que en cierta manera me recordaron a ti, con la primera vez que te vi después de tu fuga y te habías puesto un pendiente en la nariz, por la arena de la playa y cómo te mojabas siempre los bajos de los pantalones en el mar, las veces que me pedías que hiciera ruido para que pudieras mear en la calle, los amaneceres con pelos de fragel rock, por los momentos en que se tomaron las fotos comprometedoras que nunca serán chantaje, por las fresas con nata que devorabas vestida o desnuda y por tantas otras cosas hasta el día que dijiste “no sé que voy a hacer el día que me vaya de erasmus”.
Por tus alusiones a mi raza semi extinta y por cómo me defendiste ante la bruja de tu tía que negaba una descendencia vikinga en la familia. Fue justo cuando te preguntaba por ella y comentaba a título personal que la bruja tenía que ser buena en la cama porque no entendía la paciencia del novio, cuando anunciaste: “por cierto, me voy a casar”. Nada explotó dentro, quiero decirte, sólo recuerdos, que es lo que ahora escribo. Es la primera vez que se me casa una ex y tenías que ser tú, claro, la chica que nunca se lo propuso.
Aquella que sólo quería escuchar a Hendrix y bailar como la pantera rosa, la chica de las carpetas de apuntes que se los dejaba en lo alto de una barra, a la que negué permiso para dar picos a bohemios de teatro y que sólo estuvo conmigo, la chavala que quería quererme cuando quisiera, sin esperar a los fines de semana, a la que no le llegaban las fuerzas para clavar un dardo en la diana pero dejó un alud a reconstruir cuando se marchó.
Aquella casi adolescente de aparatos que se alzó la primera vez para tocarme los labios y que al día siguiente se asustó cuando me abalancé como un pirata salvaje a conquistar el resto del botín, hoy ya es una mujer (y casi señora) que pronto irá con gran sonrisa de dientes perfectos a firmar el papel junto a su futuro ex marido. Enhorabuena.

Pd: si esto sale es que ha contado con tu autorización. O no.

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8 Respuestas a “La chica que nunca se lo propuso

  1. Me encanta! A mí me escriben esto y no me caso!!!

  2. uffffffffff!!!! cuanta ternura!!! no se decirte cuanto se me ha removio por dentro!!! me he visto hace 10 años atras jeee algunas cosas tb las vivi!!!
    Un besote enorme pelirrojo!!!!!!!

  3. Venga, chicas, me temo que se os camela muy fácil, que Antoñito se las sabe todas.

  4. Te superas cada día. Hacía mucho tiempo que no leia algo tan bonito. Estoy con Gregor, a mi me escriben eso, y no llegaría al altar ( al menos con el novio actual…)

  5. Ohhh qué bonito0000¡¡¡¡ Aunque me quedo con esto:

    “la chavala que quería quererme cuando quisiera, sin esperar a los fines de semana, a la que no le llegaban las fuerzas para clavar un dardo en la diana pero dejó un alud a reconstruir cuando se marchó.”

    Aunque, a decir verdad y teniendo en cuenta mi “etapa antihombre” que vivo en este período, creo que eso lo dicen todos aunque con menos estilo, claro está jejeje

    Merchita

  6. Estoy con Gregor. No te cases, tía

  7. Qué? Ha anulado la boda o no? Necesitamos saber la segunda parte de todo esto….

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