La luz de Copenhague

Agarro al viento para que vaya más lento, sólo por ti.

Cuenta una teoría legendaria que todos tenemos en el universo, al menos, un gemelo malvado. De ser cierta, en algún lugar remoto del mundo habita una persona con un parecido más que razonable en cara, ojos, gestos, piel y quién sabe si corazón. A mí me gusta el apelativo de malvado, porque así el bueno es uno y el malo es el extraño. Este fin de semana he descubierto que, más que un gemelo, tengo decenas, cientos de iguales en una región, una ciudad: Copenhague.
Tengo que reconocerlo. Nunca me ha gustado encontrarme de frente con un pelirrojo por la calle. En un encuentro fortuito de unos segundos, estoy seguro de que ambos achantamos un poco los ojos al cruzarnos, no sólo por el sol, y de reojo nos damos un repaso. “Oye, pues si a ése le queda bien la perilla, a mí por qué no”, he pensado en más de una ocasión. En un recinto cerrado, por ejemplo, con más de un pelirrojo, la sensación es incómoda. Sólo cabe uno. Así que tenemos una norma no escrita desde los antepasados vikingos más lejanos en la que los pelirrojos nos miramos y, el que aguante más tiempo la mirada, se queda. El otro a pasar frío a la calle.

Juro que la manita se la estaba dando a una tía, a pesar de la pinta de berenjena que tiene el gachó

En Copenhague se ve que la comunidad, al ser más numerosa, es más laxa con el antiguo ritual. Salvo para un servidor que no se acabó de aclimatar, allí los pelirrojos conviven en armonía, cosa harto complicada de aceptar para mis entendederas. ¡Que ganas de volver a España y ser el raro¡ Ni en una reunión familiar había visto más rubitos y rubitas por metro cuadrado.

Os presento a mi primo hafcristiansen, que hizo carrera tocando en una orquesta tirolesa

Lo que es seguro es que allí se está originando la reconquista, el embrión de un nuevo mundo rojo, con la cantidad de niños que tienen los daneses. Pequeños zanahorios con caritas inocentes y traviesas intenciones que un día no muy lejano se organizarán en un ejército invencible, salvo si hace mucho sol, claro, que nos quemamos.

Gesto típico a las maneras danesas con mi antepasado Holger Danske (Ogier el danés)

Gengis Khan, Erik el Rojo o Hernán Cortés eran pelirrojos. Y es que de ahí nos viene la fama de ser unos grandes conquistadores. Por eso, al frente de la armada, dejaremos que se pongan ellas. Como dice un gran amigo y nunca mejor dicho, las frescas. Esas rubitas que no temen al intenso frío de junio y comen helados a cualquier hora porque por dentro, digo yo, estarán calientes. Amigo, intentamos secuestrarte a una, pero son muy altas las joías.

Mi hermana que se fue a por tabaco. La alegría que se va a llevar mi madre, con lo que le gusta un taconeo por la casa.

Aunque las pobres lo tienen complicado. La verdad es que de todos los pelirrojos que vi, ninguno me pareció un hombre hombre de los de varon dandy que se afeitan con el cuchillo del jamón. Creo que había más de los de comer almohada. El machito ibérico, lo siento, tampoco dio ejemplo. Allí se estilaban cubos de café que de hacerme el valiente estaría dos meses sin dormir. Abstenerse las nenas como yo que toman descafeinado porque no hay forma humana de pedirlo en danés.

El primo rarito. Si alguna vez me veis vestido así, pegadme un tiro. He perdido el juicio.

Pero hubo mucho más. Camuflado bajo la tenue luz de Copenhague, recorrimos las calles y plazas de blanquecinas estatuas célticas, comimos salchichas, bebimos más cerveza (5,5 euros) que agua (3 euros la botella pequeña), vimos a caballos rubitos, amenazamos a Suecia con cañones, reímos como niños albinos, robamos manteles a las españolas maneras, paseamos entre canales de Nyhvn y abrimos los ojos en Christiania, el mundo del chocolate y otras suertes alucinógenas, para juntos amanecer borrachos a la hora en la que aún no han cerrado los bares.

Nos refugiamos del frío, del viento, de las miradas ajenas. Y no quisimos regresar, deseando volver pronto a la ciudad donde la luz, ésa que no sólo acoge  a los blanquitos pelirrojos, ilumina los sueños y los despertares.

¡Se dig snart¡

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5 Respuestas a “La luz de Copenhague

  1. Que’ bien te queda el bolso de cuero con tachuelas!

  2. Es verdad! Tuvo que ser una sensación como la de los Umpa Lumpa en la Fábrica de Chocolate. De repente, todos eran como tú, como si estuvieras en una coreografía o frente a un espejo hexagonal como los de la feria.

    Me he reído mucho viendo las fotos.

    Me alegro de que disfrutarais.

    Besos

  3. jajajajajajajajaja, me ha encantado leerte y ver las fotos de ” to tu parentela”. El que más se parece es tu primo el músico…es IGUALLLLL

  4. Estás como una cabra!! Hacía tiempo que no pasaba por aquí y me he descojonado con toda tu familia!!! Esa cerveza esta semana, no, jomío? Bs

  5. That’s an amazing post. Thanks a lot

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