Si Félix siguiera vivo…

Si hace unos años, incluso unos meses, hubieran proyectado un video en el que se me viera un sábado por la noche inserto entre un grupo de biólogos discutiendo apasionadamente sobre las extrañas costumbres migratorias de la malvasía cabeciblanca, una de dos: hubiera atribuido las imágenes a un montaje o habría denunciado mi secuestro.

le quitas el rimel y esto con patatas no te creas tú que...

Sin embargo, y antes de que a los del wikileaks les dé por destapar mis oscuras confidencias pajareras, confirmo que es cierto. Mientras en una pantalla del restaurante ponían fútbol, del Madrid para ser exactos antes de la debacle, allí estaba servidor inquieto ante las vicisitudes diarias de esa especie de pato medio mariquita de pico azul y otros de sus congéneres amenazados como el avetorillo común, la garcilla cangrejera o sin duda, el que más entusiasmo provocaba entre los comensales, el zarapito real.
No me he vuelto loco, media sonrisilla me asomaba de vez en cuando. La veracidad de la escena se explica en la pérdida de interés por otra clase de fauna, la política, que me ha llevado en las últimas semanas a escaparme allí donde me llamen a hacer reportajillos de bichos complejos y casi extintos que sortean las dianas de los cazadores, justo en el lado contrario en mis preocupaciones de los simples y numerosos políticos que persiguen ser el centro del objetivo de los informadores.
Para uno que no es de montaña ni por asomo, el primero de los desafíos es imaginarse cuánto de frío puede hacer en lo alto de una cumbre en los Picos de Europa. Hasta un oriundo gaditano puede imaginarse la respuesta: Un güevo.
Después de la última experiencia de subir a lo más alto de Sierra Nevada en chanclas porque era junio y así lo dicta el proverbio (un gaditano no se quita las chanclas de mayo a octubre), considero que debo equiparme adecuadamente para la aventura. Así que echo en la maleta todos los calcetines disponibles y un pijama de esos gorditos, de franela. ¿Algo más? Pues sí, según todos los expertos consultados, me hace falta un chubasquero, un chaquetón que me tape el culo o un plumífero, un forro polar, un gorro, una bufanda, unos guantes y unas botas de montaña. Aun así vestido de oso de las nieves no se me garantiza que no me congele, y me dicen eso a mí, que soy tan friolero que creo que el único especimen en este mundo que no pasa frío es el pollo asado.

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Apunte aparte merece el tema del calzado, uno de mis déficits históricos. Porque, ¿cómo se explica que vaya a una zapatería el día de antes a la partida y pida al dependiente muy convencido “unos zapatos para ir al campo”? Así, como si al día siguiente me fuera al cortijo a estrenar mis náuticos mientras cabalgo a mi Babieca. Diez minutos, el tiempo que evité matarme montado en sus resbaladizas suelas por la plana calle Imagen, fueron suficientes para cerciorar lo que todo el mundo presuponía al ser informado de la compra: con eso te despeñas al primer risco que veas.
Ni cabe decir lo que hubieran pensado los paisanos de las montañas lebaniegas, con barba espesa de nido de pájaro y vara de avellano, si me ven intentando subir a la montaña en náuticos. Gracias a los sufridos asesores de última hora pude acudir a la cita como se merecía: equipado como una barbie montaña.

atención: los prismáticos se venden por separado

Todo para contribuir a que con el artículo se salve de la extinción el pájaro más feo que la humanidad haya visto en su vida, el quebrantahuesos, que éste por lo menos tiene un ojo demoníaco y da más vidilla para escribir que el afeminado malvasía cabeciblanca, que sólo le faltan mis náuticos para que lo fiche el Sálvame.

no es tan feo, es que tiene el pelo mojao

Así lo expuse en la cena junto a los biólogos, quienes para mi suerte también relataron las experiencias de los pastores de las montañas con los buitres, los rebecos, los osos, y sobre todo, los sanguinarios lobos. En Asturias o Cantabria tienen un debate interesante y humano: si se ponen al lado de los ecologistas y sus políticas de protección de las especies para conseguir el equilibrio ecológico o pasan de literatura verde y al primer bicho que vean al lado de sus corderos le pegan un tiro. Durante la cena, una manada de lobos mató a diez ovejas de un pastor conocido y hubo gabinete de crisis, lo que para mi suerte desvió la atención depositada sobre malvasías y demás.
Ya de vuelta, montado en otro AVE y en clase preferente, que uno es pajarero pero pasajero con glamour, volvimos a avistar a la folclórica fauna autóctona. Un ex ministro que vuelve al nido de la Junta a la caza de la enésima subvención y a la ex presentadora estrella de Canal Sur con su rebaño de aduladoras, que no pararon de gritar en las dos horas y media de viaje mientras el pasaje deseaba verla a la sombra de un ciprés mejor que a la de un pino. Por cierto, que habría que definir si fumar un cigarro de plástico con una espesa nube de humo de mentirijillas es dañino para la naturaleza o sólo para la salud mental de la afectada. Si el amigo Félix Rodríguez de la Fuente levantase la cabeza, no me cabe duda, volvería a apasionarse por los animales que pasan de los amiguismos y no van en AVE.

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Una respuesta a “Si Félix siguiera vivo…

  1. No sé tu futuro como bichero, pero con esa pose… Ayyyy, ladróóóóón!!

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