Salir del armario

De un tiempo a esta parte hay quienes me preguntan por qué escribo con menos frecuencia en el blog. Éstos, a quienes agradezco su interés, especulan con un elenco de ocupaciones sustitutivas del tiempo que antes le dedicaba a este espacio. Como solía y suelo escribir de noche, se relaciona mi falta de actividad con la carga de trabajo del periódico que ha ensanchado mi horario hasta horas intempestivas, o si es fruto del cansancio y del hastío hacia el ordenador, o quizá no escribo tanto como antes porque se me han agotado las ideas, o me he vuelto perezoso y me acuesto antes, o quizá porque mis cenas son más elaboradas que el frugal trozo de pan con queso que componía mi particular dieta mediterránea y por esto estoy más gordo. O a lo mejor porque me voy de bares y me dan las mil o si es porque me he echado novia o qué.
No conjeturan mis apreciados sin embargo con referencias culturales, como que estoy sumergido en la lectura de la vasta obra de un autor austro-húngaro o que me ha dado por ir al cine a ver pelis iraníes en versión original, cosas que por cierto me dejarían también frito a la primera y serían razones válidas de mi desapego bloguero. Así que esquivo todos estos argumentos perfectamente comprensibles y proclamo que la verdadera razón, el leit motiv, la pasión de mi noche, el desvelo de mis sueños, mi compañera y amante, se llama PES. PES de la Play 3, claro.

Para aquellos que aún no saben de qué les hablo (no saben lo que se están perdiendo), obvia decir que se trata del mejor juego de fútbol jamás creado para la consola de videojuegos más potente jamás conocida (así en palabras, pierde magnificiencia). La versión actualizada con el parche no se qué para la edición que me han regalado, la que corresponde a la liga 2010-2011, tiene una opción con la que ya no hace falta que ruegues a tu colega que vaya a tu casa a echar una partidita, asumiendo consciente y feliz que te va a dejar el suelo lleno perdío de pellejitos de cacahuetes. Os preguntaréis por qué. ¡Porque se puede jugar en línea! ¡Con el mundo entero!
Para los que aún sigan leyendo y no se hayan desmayado de la emoción que nos embarga, basten unas líneas para describir lo que para un ser humano ultra competitivo como yo supone un reto de semejantes dimensiones. En resumen, horas, noches, sueño, victorias, amargor de la derrota, revancha, castigo, humillación, consuelo, euforia, alegría sin fin… gol. En una tele grande. Con su cable HDMI. Con un vaso de whisky o de leche con colacao, qué más da, y su paquete de tabaco. Creo que cuando era pequeño, ésa era la imagen con la que soñaba cuando fuera mayor. Yo, más grande y con barba, con los ojos to saltones delante de una tele grande, con un joystick con muchos botones y haciendo lo que me diera la gana sin mi madre pasando la aspiradora por debajo de las piernas.

Y no me da vergüenza reconocerlo. Sí, salgo del armario. Tengo 31 tacos y, cuando me olvido echar el cerrojo de la puerta cuando salgo, sólo temo por una cosa si entran los ladrones.

Llevo tres días jugando en línea y he hecho hasta un estudio sociológico. Empecé a ganar puntos (victorias) el día libre que tuve y jugaba con todo el mundo, de cualquier edad, pero por las noches, pasadas las 12, ahí estamos robando sueño los treintañeros que, por experiencia (son muchos PRO) son mejores jugadores y me la dan. Solución: espero a los niños que salen del colegio, sobre las 3, y me hincho. Sé que puede sonar algo raro, pero ya lo he dicho, mi competitividad me lleva a la depravación. Hoy sin ir más lejos, he jugado contra un niño catalán que se cogió al Barcelona y le he metido cinco. Me gusta llamarle justicia poética.

Eso sí, después el pequeño cabroncete, que había conectado un micro a la play y no paraba de insultarme en mi tele mientras su madre por detrás le regañaba, se cabreó y me dio por tos laos. Me ha metio tres o cuatro y no me ha dado ni tiempo a desconectarme de Internet para que no me contabilizara la derrota (una práctica poco decorosa, cierto, pero esto es la guerra).
Si un treintañero tiene que correr hacia el router y desconectar a todo el barrio si hace falta para que no se registre en los anales una derrota ante un escolar, se hace y punto. Por eso le he dicho a Sara, que está por Barcelona, que si ve a un niño to contento por allí le dé una colleja, por si acaso es el que me ha ganao, y le diga “niño, ya está bien de jugar a la play que te vas a quedar tonto y ponte a estudiar”. Y ahora que me he desahogado, y que parece que el pequeño cabroncete se ha desconectado, voy a volver a lo que realmente me ocupa y preocupa, queridos amigos, que hay por aquí un ruso que se ha cogido al equipo de su pueblo y tiene toda la pinta de ser mi próxima víctima. Ciao!!!

PD. Este post va dedicado a todos los que me comprenden. Para el Juasmas, el Raúl, el Vargas, el Poli, el Juanjo, el Aitor…. y tantos otros. Lo siento, no puedo escribir más, estoy emocionado.

Anuncios

2 Respuestas a “Salir del armario

  1. Hombre, por fin una entrada como Dios y no una mariconada de las tuyas.

  2. Qué bueno! Vaya nochecitas maratonianas nos pegamos jugando al pro en el piso y vaya piques! Con la Play1. Y lo que ha cambiado la cosa: antes deseando que el Juanma o Pepe viniesen por el piso para echar una liga en condiciones (con sus correspondientes piques del rollo “tú me has ganado pero mira, yo he tirado más veces, no tiene suerte er nota este”) y ahora que puedes jugar contra los japos y rusos desde el sillón de tu casa. Pues, prefiero el sistema antiguo, ahora es más frío, ver la cara del Juanma tras ganarle en el último minuto, no tiene precio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s