Las pinzas de la ropa

Pinzas de la ropa de colores: azules, verdes, rojas; pinzas de madera. Un diccionario de inglés en el sofá sobre el que me siento y se me clava un pico, creo que siempre el mismo y en el mismo sitio; mis libros tienen los bordes de las páginas doblados, lo sé, soy un descuidado. Una botella de vodka enfundada en cuero con tachuelas; yo llevo una botella de Johnny medio vacía (o medio llena).
Tus 180 cd originales, mis ocho piratas. Un poster de los Stones, a cambio, otro de Josele Santiago. Una montaña de revistas de la Popu, 12 al año; mis revistas porno que escondí debajo.
Tu reloj de cocina de los Kiss, mi disco-reloj de los Led Zepelling, en vinilo. Si alguien vino no lo sé, no suena el ring, le diste al interruptor cuando te fuiste y la luz se fue al carajo.
No puedo encender mi tele, ni tu equipo de música. La llamas Yamhita, como el fuego interior. Sin internet y sin el Plus, me entretengo con el ordenador.
No me da conversación ni mi Pelocho y me entra apetito. De tu padre, unos pestiños; de mi madre, un bizcocho. El frigo está vacío, habrá que ir a El Rinconcillo.
En el vestidor, mis zapatillas de deporte, tus botas de tacón. Como hagamos ruido, ya verás el vecino cabrón… Las paredes son de papel, ¿se habrá comido el tío el roscón?
Tus 40 cajas de zapatos, mis tres pares de chanclas. Tus diez bolsos, mi maleta naranja. Tus espejos, mis poses de macarra. Tu as de trébol, y yo sin baraja.
Tu cinturón morado, la correa que no es mía, sino de Raúl. Tus secadores de pelo, tu baúl; mis cuatro mecheros y ningún cenicero. Tu batín rosa de Hello Kitty, el mío gris de marqués de Sol; tu sombrero de pluma que, por cierto, te compré yo.
Un puzzle, con una foto de los dos en Copenhague, ¿quién se atreverá a hacer de esto una canción? Podrá utilizar tu guitarra o tu pandereta, yo intentaré poner la voz. El mundo gira en un sentido absurdo, yo te espero. Esto es de Quique González, lo escuché ordenando el ropero.
En el baño dos cepillos, uno verde y otro amarillo. Dos geles, el tuyo aloe vera; el mío olor pino.
Ya llegará algún simpático que diga: el piso qué bien, ¿y el cuarto de los niños? Lo mandaremos rodando por las escaleras, del segundo hasta el bajo; recuerda, te cargaste la luz y no se ve un carajo.
Un espejo de la luna, en el cuarto de invitados; en el nuestro, las estrellas fluorescentes del cielo. Un poster de Silvio, el maldito rockero; te metes temprano en la cama, yo miro al techo y sueño.
No me importa el diccionario, aunque me rompa el orto; ni que tengas tantas cosas, que yo apenas quepa en un rincón; porque cada vez que llegas, te miro y me quedo absorto. Y aunque peque de romanticón, me da igual las pinzas que utilice, las de sin color, las yelow, red or blue; si me cuelgo a partir de ahora, is only for you.

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3 Respuestas a “Las pinzas de la ropa

  1. Menos mal que has arreglado el desaguisado de tu primer post sobre la convivencia conyugal 😉
    Qué bonito coño! Mucha suerte!!

  2. Es lo más bonito que he leido desde hace muchísimo tiempo. Una manera preciosa de decir cuanto se quiere…..gran Antoñito, grande Sarita..besos

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